ANA BETANCOURT AGRAMONTE: UN EJEMPLO PARA LA HISTORIA


En el sagrado altar de los héroes y mártires de la Patria  la mujer  cubana ocupa un lugar relevante por sus innumerables muestras  de valentía y amor por la independencia del país, desde  Carlota aquella que lidero una sublevación de esclavos, pasando por Mariana la madre que entregó sus hijos a la causa de la libertad,  Bernarda del Toro, Amalia y María Cabrales, que secundaron a sus esposos  en la gesta insurrecta  por los parajes más recónditos de la geografía insular.

On the sacred altar of the heroes and martyrs of the country, Cuban women occupy a significant place because of their innumerable signs of courage and love for the country’s independence, from Carlota who led an uprising of slaves, through Mariana the mother who gave their children to the cause of freedom, Bernarda del Toro, Amalia and Maria Cabrales, who seconded their husbands in the insurgent deed through the most remote places of island geography.

También lo fueron Celia, Vilma, Melba y Haydee, Lidia y Clodomiro, las hermanas Giral, así como Doña Rosario, quien vio caer a sus hijos Frank y Josué, así como todas que de una u otra forma han hecho posibles la Revolución.

Un día como hoy, 26 de septiembre de 1968, fueron repatriados a su Cuba amada los restos mortales de Ana Betancourt Agramonte, la primera fémina que alzó la voz en reclamo de la redención de la mujer discriminada hasta entonces durante la celebración de la Asamblea Constituyente de Guáimaro.

Ana, quien siguió a su esposo el coronel Ignacio Mora al campo de batalla, ni la cárcel, ni el maltrato de mano de los soldados españoles, que incluyó la simulación de fusilamiento pudieron doblegarla y aún  enferma de tifus  encontró las fuerzas necesarias  para escapar  de sus captores  y salir  hacia  el exilio.

Viaja a México, Nueva York, Kingston, Madrid, siempre desarrollando acciones por la independencia de Cuba y sus patriotas.

Ana  Betancourt, murió el siete de febrero de 1901 en Madrid, su cuerpo fue trasladado a La habana  en 1968 y luego hasta Guáimaro, lugar de la primera Constitución de la República en Arma, donde descansa en un Mausoleo erigido a su memoria al lado de la misma casona donde aquel 14 de abril de 1869 ella expresó las palabras que aún resuenan con fuerza:

Ciudadanos: la mujer en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora hermosa, en que una revolución nueva rompe su yugo y le desata las alas.

Ciudadanos: aquí todo era esclavo; la cuna, el color, el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir. Habéis destruido la esclavitud del color emancipando al siervo. Llegó el momento de libertar a la mujer.

De ella escribiría el Apóstol José Martí:

“…y en el noble tumulto una mujer de oratoria vibrante,  Ana Betancourt, anuncia que el fuego de la libertad y el ansia de martirio no calienta con más viveza el alma del hombre que la de la mujer cubana.”

Foto: Internet

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