EL RUBIO DE LA GUERRILLA DEL CHE


 “(…) “Quiero que rechaces siempre lo fácil, lo cómodo. Todo lo que enaltece y honra implica sacrificios (…) Cuando un revolucionario comienza a recibir beneficios que aún su pueblo no puede recibir, comienza, sino, es que ha dejado ya de serlo. (…) Rechaza la lisonja y la adulonería y no la practiques nunca. (…) Recuerda que quiero que, ante las alternativas que la vida te ofrezca, tú siempre escojas la estrella que ilumina y mata”.

Persecuciones, detenciones, torturas y las privaciones  propias  del exilio, marcaron la lucha revolucionaria del combatiente estudiantil Jesús Suárez Gayol, en las calles del Camagüey y La Habana hasta su salida del país.

Persecutions, arrests, tortures and privations of exile marked the revolutionary struggle of student fighter Jesús Suárez Gayol, in the streets of Camagüey and Havana until his departure from the country.

Sin embargo, su espíritu indomable no estuvo tranquilo ni un solo instante y en la primera oportunidad regresó a Cuba como parte de una expedición que como muchas otras no estuvo exentas de dificultades y así pudo arribar a las zonas agrestes de la más occidental provincia de la Isla  Pinar del Río.

Jesús Suárez Gayol, activo fundador del Movimiento 26 de Julio, fiel combatiente del Ejército Rebelde, fue consecuente con el ideario de Fidel y cumplió las tareas que les fueron asignadas después del triunfo del primero de Enero de 1959.

Integró el grupo de valerosos  combatientes que acompañó a Ernesto Che Guevara en la gesta boliviana,  donde fue como conocido como El Rubio o Félix en la guerrilla.

Han transcurrido cinco décadas y todavía las palabras escritas por el Guerrillero Heroico en su Diario de Campaña conmueven  cualquier corazón sensible que reconoce el altruismo y el valor de  aquellos combatientes por la libertad del continente, donde él señaló:

“A media mañana llegó muy agitado El Negro a avisar que venían 15 soldados río abajo. Inti había ido a avisar a Rolando en la emboscada. No quedaba otra cosa que esperar y eso se hizo. Mandé a Tuma para que estuviera listo a informarme. Pronto llegaron las primeras noticias, con un saldo desagradable: El Rubio, Jesús Suárez Gayol, estaba herido de muerte. Y muerto llegó a nuestro campamento. Un balazo en la cabeza”.

Más adelante el Che apunta en su diario el 12 de abril de 1967: “A las 6:30 reuní a todos los combatientes menos los 4 de la resaca para hacer una pequeña recordación del Rubio y significar que la primera sangre derramada fue cubana”.

Hasta sus últimos  momentos Jesús Suárez Gayol resultó consecuente con la afirmación que le sirvió de párrafo final a la carta que dirigió a su madre doña Aurora Gayol:

Cuando se es revolucionario verdadero se siente la necesidad de servir a la Revolución desde los lugares más difíciles, en los puestos de vanguardia.”

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