HASTA SIEMPRE CAMPEÓN


Horta junto a Fidel y Pablo Romero.

Horta junto a Fidel y Pablo Romero.

Este miércoles 30 de noviembre los camagüeyanos despidieron a un ciudadano que por su ejecutoria en el deporte nacional e internacional y la conducta cívica observada en casi seis décadas de vida se hizo acreedor de la condición de hijo ilustre de la quiscentenaria ciudad.

This Wednesday, November 30, the citizens of Camagüey dismissed a citizen who for his execution in national and international sport and civic behavior observed in almost six decades of life was awarded the status of illustrious son of the centenary city.

Hasta la necrópolis local fue llevado el féretro con los restos mortales de Adolfo Horta Martínez, tres veces campeón mundial y subtitular olímpico de Moscú ’80, en los hombros de sus compañeros del deporte, por calles comprendidas dentro de la zona declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

A las honras fúnebre asistieron otros destacados atletas, funcionarios del deporte y pueblo en general. Carlos García, monarca del orbe en la división de los 63,5 kilogramos en Munich, Alemania 1982, dijo que Horta se destacó por su sencillez, modestia y sobre todo un alto sentido de pertenencia, pues mientras otros buscaban asentamiento en urbes cosmopolita él se quedó junto a su pueblo, sus amigos de infancia y con la gente que le profesaban diariamente respecto, cariño y afecto.

Fue un púgil excepcional con una técnica excelente, brillante en la pelea a larga distancia donde sobresalía por su velocidad de piernas y manos, así como por ser capaz de realizar excelente combinaciones de golpes, pero eso si llegado el momento de “fajarse” en el cuerpo a cuerpo no rehusaba el pleito. Un buen ejemplo de esto resultó su último combate celebrado en el Campeonato del Mundo de Reno, Nevada en 1986, contra el venezolano Jovito Rengifo discutiendo la medalla de oro en que salió a forzar en el tercer round en una pelea extremadamente cerrada y donde Horta puso en práctica todo su arenal técnico y experiencia para conquistar su tercera corona, para igualar entonces con el gran Teófilo Stevenson, aunque en su caso fueron títulos de forma consecutivas y divisiones diferentes, 54; 57 y 60 kilogramos respectivamente.

Durante el mundial de 1982, la selección nacional cubana vio comprometido el triunfo por equipo por varios resultados adversos de algunos pilares de la nómina antillana, entonces Adolfo Horta y Ángel Herrera se reunieron con los más bisoño de la escuadra caribeña, el propio Carlos García, Bernardo Comas y Pablo Romero, todos debutantes en ese tipo de certamen, y le dijeron con esa carga de patriotismo que suelen ponerle los cubanos a sus asuntos, esto tenemos que ganarlo nosotros. Y los novatos no lo hicieron mal al conquistar tres preseas doradas.

Horta fue un atleta  ejemplar, digno de la confianza de Fidel y del pueblo cubano que siempre lo tuvo presente en cualquier parte en que se encontraba. Hasta siempre campeón.

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