DON MIGUEL


Ningún error humano tuvo más justificado con aquel en que se le cambio el Sol a Miguel Cuevas Piedra por el de Don Miguel, quizás porque al periodista de ocasión le resultó más sonoro el distintivo de abolengo que el alusivo al astro rey.

No human error had more justified that in which you change the Sun Stone Miguel Cuevas by Don Miguel, journalist Perhaps because he was more Used distinctive sound of abolengo That’s allusive to the sun.

Y no era para menos, pues ver la imponente figura de Cuevas en el rectángulo de bateo, seis pies de estatura, más de 200 libras de músculo repartido equitativa en toda su anatomía, aun hoy cuando se supone que ronde los 80 años de edad, mantiene su postura elegante y que resulta venerable a ojos vista, con los pies bien separados uno del otro, el bate a todo lo largo hacia lo alto como queriendo llegar al cielo, impresionaba como si fuera un dios griego, al menos así le parecía al industrialista Raúl ” la Guagua” López, uno de los mejores relevista de la pelota en Cuba.

Durante más de una década el Don se convirtió en el azote de los lanzadores, en especial los llamados del brazo equivocado, los zurdos a los que solía conectarles con entera libertad descomunales batazos  con los que hiciera época y como recordara hace unos días mi buen amigo Manuel Silvano Machado la casa de Simón, situada detrás del profundo jardín central del terreno de San Zenón, en la zona de la actual Plaza de la Revolución “Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz” de la ciudad de Camagüey; era punto de referencia para el poder de sus brazos.

Sus inicios en la pelota se remontan a los años ’50 por aquella época jugó en la categoría juvenil y en varias ligas como la Popular de Oriente, además también incursionó en el boxeo, aunque esa experiencia fue fugaz.

Las Series Nacionales llegaron algo tarde para él, como para otros contemporáneos que rondaban los 30 años de edad, incluso los 40, pero fueron los animadores de una nueva etapa en la centenaria historia del béisbol en la Isla.

Sin embargo, por esa razón Cuevas, tuvo el honor de anotar la primera carrera y facturar el primer out de series nacionales, el 14 de enero de 1962, vistiendo la chamarreta de Azucareros.

A base de enormes batazos y de impulsar carreras, Don Miguel Cuevas logró el respecto de los lanzadores que desde la Punta de Maisi al Cabo de San Antonio, sufrieron los embates de su poderoso swing.

Muchos pensarían que en Don Miguel lo más notable eran los cuadrangulares fueron un total de 83 batazos de cuatro esquinas en su trayectoria de 13 temporadas vistiendo los uniformes de las selecciones de la región oriental (Azucareros, Orientales, y sobre todo Granjeros).

No obstante, resultaron las carreras impulsadas lo que más le motivaba, en una entrevista de hace varios lustros, nos señalaba que cuando bateaba  y tenía un corredor en tercera base trataba de hacer una conexión a los jardines que posibilitará la anotación.

Entre sus mejores momentos estuvo la temporada de 1967, durante la VI serie en que jugando para la selección de Orientales, tuvo un bajo promedio ofensivo, pero resultó el líder en carreras impulsadas factor de gran valor para que su equipo ganara el titulo en aquel memorable partido frente a Industriales, con Manuel Alarcón mandando a cerrar la Trocha santiaguera y a que saliera el Cocuyé.

Por entonces otro apelativo se sumo a su persona, el de Tambor Mayor. Al estadio “Guillermón Moncada” de Santiago de Cuba, acudía un aficionado el cual llevaba varios instrumentos de este tipo, pero solo cuando bateaba el toletero camagüeyano, utilizaba el más grande

Otra temporada de lujo fue la VII con el uniforme de Granjeros donde en 90 juegos mandó a 86 compañeros para el plato, lo cual constituyó récord durante varias décadas, muchos días y noches tuvieron que pasar para romper la marca, que aún en el tiempo se vuelve difícil de alcanza.

Ese es el Cuevas que salió a jugar con fiebre alta y malestar físico un partido  en los Juegos Panamericanos de Sao Paulo, Brasil, en 1963 y en recompensa conectó  tres cuadrangulares para festejar la jornada implantando un récord aún visible para este tipo de certámenes.

Tras 13 temporadas y casi  cuatro décadas de vida, Don Miguel jugó su último partido el 21 de noviembre de 1974 en el estadio “Cándido González Morales”  en un amistoso contra la selección de Japón que visitaba Cuba presenciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

En la despedida recibió un enorme diploma de reconocimiento por los más de 80 cuadrangulares conectados  las 573 carreras impulsadas, los lideratos que estos y otros departamentos que acumuló en todos esos años.

Por todo, eso y mucho más le fue conferido el diploma del Honor Deportivo, a este caballeroso pelotero a quien la afición recuerda y admira.

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