DE LA HABANA A RIO DE JANEIRO (5)


imagesEn esta isla del Caribe donde por diferentes causas y azares confluyeron diversas etnias y culturas ha surgido un ser humano con características muy particulares es un ente que por sus venas corre los componentes de la sangre africana, europea y asiática, unida a los sedimentos aborígenes.

In this Caribbean island where for various reasons and chances came together diverse ethnicities and cultures has emerged a human being with very specific characteristics is an entity that runs through his veins components of African, European and Asian blood, together with Aboriginal sediments.

Héctor Rodríguez a la izquierda.

De este ajiaco, al decir del sabio cubano Don Fernando Ortiz, han surgido valiosos aportes al deporte nacional y al judo en especial, donde la raza negra deja al descubierto potencialidades enormes para el desarrollo a corto, mediano y largo plazo,

Resultado de este mestizaje que va más allá del color de la piel, lo constituye Héctor Rodríguez Torres, el hombre que asombro a propios y desconocidos al conquistar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos (JO) de Montreal 1976. Se cumplen 40 años de la hazaña, sin embargo, en la memoria está el recuerdo de un hecho inusual por su trayectoria y ejecutoria.

Héctor nació en la localidad de Guanajay al este de la habana el 12 de agosto de 1951, precisamente en la misma época en que este arte marcial devenido en deporte hacia su entrada triunfal en la Mayor de las Antillas.

Hijo de una prolífera familia, el futuro campeón tuvo que ayudar a sus familiares en las labores agrícolas desde temprana edad, así que pobre y negro las puertas del deporte de alta competición.

No sería hasta los 13 años de edad en que entraría en contacto con el judo, gracias a las nuevas oportunidades vigentes en el país, que permitió la práctica libre del deporte,

El ascenso de Héctor Rodríguez resultó vertiginoso y ya apenas en una década se ubicó en la quinta posición de su división los 63 kilogramos en los JO de Munich 1073, y alcanzaría un bronce en el Campeonato Mundial de Lausana, Suiza en 1973.

En la justa canadiense comenzó desbrozando camino al vencer al camerunés Enmanuel Abolo y luego cayeron en sucesión el polaco Marian Standowicz, el portugués José Pinto Gomes, el húngaro Jozsef Tuncsik hasta vencer en el duelo final al coreano del sur Chang Eunkyung.

La victoria en lo personal para el atleta cubano fue como tocar el cielo con las manos, pero ese triunfo representó muchas más cosas para el país, fue la puerta para que por ella transitarán los herederos caribeños de Jigoro Kano.

En la actualidad Héctor Rodríguez, entrena al equipo de España, ostentan la categoría de octavo dan, forma parte del salón de la fama del Judo Mundial y fue seleccionado con justeza entre los 100 mejores atletas de Cuba.

 

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