REQUIEM POR KID GAVILÁN.


Sentado en la mecedora que lo acompaña en sus largas horas de inactividad, refugio de sus días finales, el Kid vive la desesperanza del desarraigo, los olvidos involuntarios que le provoca el Ahlzeimer, la soledad…, la soledad  que tanto duele.

Sitting in the accompanying their long hours of inactivity, shelter its final days, the lives Kid hopelessness of uprooting, involuntary forgetfulness that causes the Ahlzeimer, loneliness … rocking, loneliness hurts both.

Solo en aquellos  instantes en que el brillo de la luz ilumina su mente, viaja en el tiempo y se ve en un cuadrilátero en perenne danza entre las 12 cuerdas, lanzando golpes, jab, uppercut y su poderoso místico bolo punch, con que arrolló a sus adversarios, así fue siempre durante los 143 combates que disputo como púgil profesional.

En esos momentos de éxtasis viene a su recuerdo aquella primera pelea en la Arena Cristal de La Habana cuando enfrentó a otro “obrero” del ring como él,  porque eso fue el Kid un infatigable jornalero de golpes tarifados,  cuando derrotó Antonio Díaz en seis asaltos, y apenas una semana después volvería a vencer, esta vez a Bartola Molina en cuatro round,  en ambos casos por el veredicto de los jueces.

Eran días en que la sonrisa le resplandecía en el rostro y los sueños  de salir de la oscuridad de la pobreza revoleteaban en su cabeza animándolo a seguir adelante.

Vuelve a sucumbir en el sopor de una tarde gris, pero el aire  que se cuela por la puerta y anuncia una noche de frío, lo estremecen y lo devuelven hacia aquella época de esplendor, en que estaba rodeado de amigos, mujeres, manager inescrupulosos que solo pretendían exprimir el sudor, oportunistas de turno que siempre se hacen presentes.

La noche  del 11 de Julio de 1949  fue su primer intento por alcanzar la corona de campeón, nada menos que frente al rey supremo de los pesos welter Sugar Ray Robinson, el bailarín de “tap”, el mismo que desde niño lustraba zapatos por las calles de Nueva York y quien  siguió el consejo de otro Kid, el Chocolate de La Habana, Eligio Sardiñas,  de que el boxeo era arte. Fueron 15 asaltos donde el estadounidense mayoreo, ante la férrea defensa del cubano.

El santuario del pugilismo universal del Madison Square Garden de la ciudad de los rascacielos, lo convocaría para otra pelea titular esta vez contra Johnny Bratton y tras 15 disputados vueltas sale triunfante y la faja de campeón mundial.

Una sonrisa llena su rostro de boxeador, donde las cicatrices de las batallas pasadas adornan cada centímetro de la superficie ovoide, pero es un gesto cargado dolor,  angustia y desconsuelo.

Pasarían años y años, los verdes billetes conquistados sobre el entarimado a fuerza de golpes desaparecen por arte de magia de sus ojos, es un Don nadie porque sin dinero ya no conmueve los corazones femeninos, ni están a su lado los amigos, ignora la mano sincera y generosa que se extiende para salvar lo poco de dignidad que le quedaba en el alma, y la rechaza entre creencias propias y manipulaciones ajenas, el  hombre que nunca fue noqueado por rival humano, fue puesto fuera de combate por   .

El Kid llora, llora…, sus ojos se cierran y en un rapto de luz vuelve a un lejano lugar allá a la localidad Palo Seco, un  sitio rural  al este de la mediterránea ciudad de Camagüey, donde el Día de Reyes Magos la  vida le dio el regalo a sus padres que naciera Gerardo González.

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