UN TRATADO SIN SOBERANÍA.


Existen muchos momentos de la historia cubana y universal que no deben ser olvidadas, desconocer esos hechos es equivalente a un suicidio político de incalculables consecuencias para las presentes y futuras generaciones.

There are many moments of Cuban and world history that should not be forgotten, ignore these facts is tantamount to political suicide with incalculable consequences for present and future generations.

Hace 117 años tuvo lugar la firma ignominiosa del Tratado de París, con lo cual Estados Unidos arrebataba las últimas posiciones españolas en el en América, y Asia, compraban a precio irrisorio las Filipinas y se adueñaban de las Islas Guam, Puerto Rico y Cuba.

Aquel acuerdo era el resultado de una de las más indecorosas  acciones del naciente imperialismo yanqui que espero durante décadas, en que el poder colonial español se debilitara para  lanzar un zarpazo y apoderarse de las mencionadas posesiones últimos reducto hispano en la región, en especial de Cuba, tan largamente soñada y anhelada por los neocolonialistas norteamericanos.

Ya José Martí en su vital ensayo “Nuestra América” alertaba sobre manera los intereses ocultos de Estados Unidos al escribir: “…¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!”.

Acerca de esas apetencias imperiales el historiador  norteamericano Arthur P. Whitaker en su Historia de la política estadounidense hacia la independencia de América Latina entre1800 y 1830, cita la opinión dada, en 1823, por John Quincy Adams, a la sazón secretario de Estado del presidente James Monroe y autor intelectual de la Doctrina que lleva el nombre de este último, en el sentido de que Cuba tiene “una importancia en la suma de nuestros intereses nacionales, que no es comparable con la de ningún otro territorio extranjero, y un poco inferior a la que mantiene unido a los distintos estados de la Unión”.

Otro ejemplo elocuente de la necesidad de la guerra necesaria para oponerse a las ideas anteriores quedo marcada en la carta inconclusa del Apóstol a su amigo Manuel Mercado pocas horas antes de su gloriosa caída en combate: “… ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”.

Con una breve participación en la contienda bélica, Estados Unidos  aprovechó el clímax de la guerra por  la independencia de la Mayor de las Antillas, para sacar jugoso provechoso, dada la escasas fuerzas y solvencia económica de la corona de España para sostener una lucha en la cual llevaba 30 años sin poder doblegar las ansias de libertad  de todo un pueblo y el desenlace sobrevendría en poco tiempo, por lo que el gobierno estadounidense apuró su entrada  en el conflicto.

Tras los combates navales realizados en las costas de Santiago de Cuba, donde la flota española sufrió una aplastante derrota, los norteamericanos entraron a esa ciudad y a la vez impidieron que quienes habían sido los principales protagonistas de la luchas durante tres décadas, los mambises con  el Mayor General Calixto garcía Iñiguez al frente, entraran a esa ciudad  como tropa triunfante, como  le correspondía por derecho propio.

De esta manera todo quedaba listo para la infame firma del Tratado de París,  que más que todo resultó solo una simple transferencia de poderes, un cambio de ropaje colonial que provocó la frustración de los patriotas cubanos y puertorriqueños.

Ha transcurrido más de un siglo de aquellos hechos y 56 desde que esta isla del Caribe  alcanzara su preciada libertad, ha tenido que soportar el más inhumano bloqueo económico y financiero que país alguno ha conocido en el mundo, y convencido que por esa vía no han podido doblegar a la patria de Martí y Fidel, ahora tratan de suavizar el trato, no sin destilar veneno por todas parte.

Aunque existan diferencias políticas e ideológicas propias de dos sistemas sociales diametralmente opuestos, Cuba no teme a una relación de iguales,  respetuosa y un diálogo  civilizado que permita un intercambio fluido entre vecinos tan cercano.

Sin embargo, siempre estará alerta, porque la doctrina Monroe  estará latente en el imaginario de cuanto mandatario tome asiento en la oficina oval de la Casa Blanca.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cuba, historia, política, sociedad y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s