EL MAGNICIDIO DE DALLAS.


Eran alrededor de las 12:30 pasado meridiano del 22 de noviembre de 1963, cuando una noticia conmovería al pueblo de Estados Unidos y estremecería buena parte del mundo, el presidente de ese país John F. Kennedy había sido asesinado, mientras realizaba un recorrido en automóvil por la ciudad de Dallas, Texas, como parte de su campaña por un nuevo mandato en la Casa Blanca.

It was about 12:30 last meridian of 22 November 1963, when a news shock the people of the United States and much of the world shudder, the country’s president John F. Kennedy was assassinated while on a tour car for the city of Dallas, Texas, as part of its campaign for a new term in the White House.

Las primeras sospechas del supuesto autor del hecho recayó en Lee Harvey Oswald, detenido horas después del crimen, un controvertido personaje quien había sido operador de radar en el cuerpo de marine para espionar a la antigua Unión Soviética, después, pidió asilo en esa nación, donde se caso, y posteriormente regreso a Estados Unidos donde se relacionó con varios personaje del Buró Federal de Investigaciones, (FBI), la Agencia Central de Inteligencia (CIA), contrarrevolucionarios cubanos que se hallaban Nueva Orleáns, a la vez  montaba diversas escenas de un supuesto y nada creíble apoyo a la Revolución.

El mundo hubiera conocido toda la verdad, si al día siguiente Oswald, no hubiese sido a su vez asesinado a manos de Jack Ruby, un reconocido hombre del bajo mundo norteamericano, en plena comisaría de Dallas y ante la vista de la propia policía y decenas de fotógrafos,  periodistas y miles, tal vez millones de espectadores que seguían el traslado del prisionero a través de las cámaras de televisión.

Desde entonces y hasta la fecha, la teoría de la conspiración para el asesinato del XXXV presidente estadounidense crece cada día con las investigaciones realizadas por el Congreso de esa nación, así como personas que han aportado sus conocimientos al estudio del caso.

Por ello las conclusiones de la comisión Warren, la cual llevó el nombre del magistrado Earl Warren jefe de la Corte Suprema de los Estados Unidos, a cargo de la investigación, es cada vez más cuestionada por lo inverosímil de algunos aspectos, como el de la famosa bala que hirió a Kennedy, reboto varias veces e hirió luego al gobernador de Texas John Bowden Connally Jr.

Lo cierto es que para ese momento de la historia en el cual fue ejecutado por manos hasta ahora desconocidas a la vista de la humanidad, el mandatario norteamericano había acumulado muchos enemigos dentro del sistema, en un amplio abanico donde estaba los propios “duros” del Partido Demócratas, los acérrimos rivales del Partido Republicano, algunos personeros que vieron limitadas sus acciones como el tenebroso Allán Dulles, defenestrado como director de la CIA, y luego llamado increíblemente para formar parte de la Comisión Warren, quién sabe si para encubrir los tentáculos del crimen, el propio John Edgar Hoover, director de la FBI, la mafia, los generales del Pentágono que no le perdonaban a Kennedy el no haber dado la orden de atacar a Cuba tras el fiasco de Playa Girón y la Crisis de los Misiles, y los propios contrarrevolucionarios de origen cubano, que se sintieron defraudados por esa acción presidencial.

Sin lugar a dudas unos de los objetivos era culpar a Cuba del magnicidio, como parte del hecho conocido de que el gobierno estadounidense y sus agencias de inteligencia habían intentado hacerlo mismo con Fidel Castro, y así mostrar al mundo un acto de venganza por parte de la dirección revolucionaria, incluso en los primeros instantes y días se lanzaron toneladas de acusaciones en tal sentido, las cuales fueron desvaneciéndose ante la inconsistencia de los argumentos expuestos de un Oswald comunista, pero el mismo hecho de que este fuera asesinado de la forma en que se hizo despertó la suspicacia de las personas que olieron algo raro en todo eso

El general de división (r) Fabián Escalante Font, en su libro “La Guerra Secreta: El Complot (…)  señala:

“En noviembre, mientras Oswald regresaba a Dallas, fracasado su intento de viajar a la Isla, la CIA ejecutaba una variante operativa que le posibilitara documentar las relaciones de este con Cuba. Para tales efectos depositó tres cartas en buzones de la capital cubana en las que se mencionaba un inminente operativo contra Kennedy, las relaciones que sostenía con la inteligencia cubana y la alternativa de viajar a Cuba una vez realizado el operativo. Dos de las cartas fueron ocupadas por las autoridades norteamericanas posterior al magnicidio, y otra confiscada por las cubanas. Después de la muerte de Oswald se enviaron dos cartas más, una al New York Times y otra a Robert Kennedy donde se denunciaba a Cuba como autora del hecho y a la embajada cubana en México como el centro del complot.

“A principios de noviembre el servicio secreto fue informado de dos señales de atentado contra Kennedy, una en Chicago y otra en Tampa, donde participarían exilados cubanos. Nada fue investigado.

“El 20 de noviembre la ciudadana Rose Cheremie denunció a la policía de Dallas que había sido arrojada de un auto en marcha por el cubano Sergio Arcacha Smith, que se encontraba en preparativos para el asesinato de Kennedy. Nada se investigó.

“Según el Comité Selecto de la Cámara, para esas mismas fechas, Antonio Veciana, Manuel Salvat, Carlos Bringuier, Howard Hunt, Frank Sturgis y otros líderes del exilio cubano y agentes CIA se encontraban en Dallas. Ello coincide con la información brindada por Tony Cuesta años después, al confesar que Sandalio Herminio Díaz y Eladio del Valle, dos connotados terroristas cubanos, fueron parte del equipo que realizó el magnicidio aquel 22 de noviembre”.

Dentro de la extensa bibliografía y filmografía realizada hay un dato que también apunta bastante directo a la teoría de la conspiración, ¿de qué forma el supuesto criminal conocía el itinerario de la comitiva presidencial, cuando esta había sido modificada apenas horas antes de la llegada de Kennedy a Dallas?.

En fin al gobierno invisible que se esconde detrás de la oficina Oval  de la Casa Blanca, y que resulta el verdadero poder el cual mueve los hilos del Imperio yanqui,  poco le importa asesinar hasta uno de los suyos con tal de imponer su hegemonía a escala global.

Ante los hechos cabría preguntarse,  ¿hubo o no hubo conspiración en el magnicidio de Dallas?. Aún habrán de pasar varias décadas para que los documentos que son velados celosamente puedan ser desclasificados  totalmente, entonces la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad,  resplandecerá sobre la faz de la tierra.

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