HOLA YOGI… ESTO NO SE ACABA.


Para un ser humano 90 años, pueden ser mucho o pocos, dependen de lo hecho, lo que se haya vivido y del legado que se deja para la posteridad.

For a man 90 years, may be much or little, depend on what is done, what has been lived and the legacy he left for posterity.

En el caso de Lawrence Peter Berra, o mejor para que todos sepan de quien hablamos Yogi Berra, las nueve décadas de su existencia, las cuales tuvieron el capítulo final el pasado 22 de septiembre, resultaron una amalgama de recuerdos imborrables vinculados fundamentalmente al béisbol.

Hijo de inmigrantes italianos nacido San Luis, Misuri, el 12 de mayo de 1925, Berra fue uno de los peloteros más carismáticos en la historia del deporte mundial no solo por su calidad dentro del diamante, sino también fuera de él, por eso quienes le conocieron o supieron de él lo despidieron como lo que fue un grande.

En 1946 debutó en las Grandes Ligas con el club de los Yankees de New York y a el prestó servicios como jugador durante 18 temporadas como receptor y jardinero, (su última campaña estuvo con la otra franquicia de la Gran Manzana, los Mets de New York), en una histórica formación en las cuales militaron por esa época otras luminarias como Joe Dimaggio, Mickey Mantle y Billy Martín por solo mencionar algunos.

Durante esos años participó activamente en la obtención de 10 títulos de Series Mundiales, convirtiéndose en el jugador con más anillos de oro alcanzados en la historia de esos certámenes anuales.

Además, en su trayectoria con los denominados “Mulos de Manhattan” fue seleccionado en tres oportunidades como el jugador más valioso de la Liga Americana (1951, 1954 y 1955), intervino en 14 en series mundiales y en otras 15 veces resultó elegido para juego de las estrellas

Su labor como bateador se resume en una averaje de 285, disparó 358 jonrones, impulsó a 1 430 compañeros hacia el home y solo los lanzadores pudieron poncharlo 414 veces en 7 555 oficiales, al decir de muchos gracias a su habilidad de conectar “bolas malas”.

También tuvo una fecunda carrera indistintamente como manager y entrenador con ambos equipos con los que sumó otros tres títulos mundiales e igualmente tuvo una etapa con los Houston Astros.

Pero, lo que hizo de Yogi un tipo peculiar fue su manera de filosofar sobre la vida y el béisbol, dejando frases para la posteridad que no podrán ser olvidas como aquella de: “Esto no se acaba hasta que se acaba”, “Cuando me siento a cenar con la familia, simplemente salen cosas. Y mis hijos me dicen “Papá, acabas de decir otra. Y yo ni siquiera sé qué carambas dije…” .

Sus palabras tuvieron tanto alcance que dieron vida a un libro en el que quedaron recopilados sus “yoguismos”, uno de los cuales sirvió de título para la publicación: “no he dicho todo lo que dije”, “Si no sabes a dónde vas, es posible que llegues a cualquier lugar”.

Elegido al Salon de la Fama de los Inmortales en Cooperstown, Berra siempre será recordado con el número ocho con la camiseta de los Yankees, el cual fue retirado de la nómina oficial de la novena newyorkina, y como escribió el colega Mitchel Contreras, llegó al cielo para integrar el club de los históricos.

Quizás, por allá se encuentra otra vez con el Sumo Pontífice Juan XXIII, y seguro le dira tan jovial, sencillo y franco como era “Hola Papa”, y el Santo Padre le responderá “Hola, Yogi… ya estás por aquí, bienvenido a la casa definitiva de todos”.

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