EN EL NiDO DE PáJARO (IV)


“Bolt: el rey de reyes”.

El jamaicano Usain Bolt dejó a todos convencido que es el mejor corredor de los tiempos actuales, y muy probablemente, sin realizar comparaciones estériles, de toda la historia.

Jamaican Usain Bolt left everyone convinced that is the best racer of modern times, and most likely, without making comparisons sterile, of all history.

Los visto el pasado domingo sobre la pista del Estadio Nacional de Beijing, China, fue más que suficiente, al enfrentar a un nutrido grupo de “príncipes” y ex monarcas que buscaban la gloria de ser el ser humano más rápido del mundo, a costa de un Bolt, alejado por un largo tiempo de las obligaciones diarias de un atleta de alto rendimiento y de las rutinas de las competencias que a veces se convierten en una carga imposible de soportar sobre los hombros.

Para nadie es un secreto que la carrera de los 100 metros planos tanto para hombres, como damas, constituyen el plato predilecto, ese saber quien es el más veloz en uno u otro sexo resulta la comidilla de cuanto mortal existe en la tierra, y se hace se le agrega el historial de Bolt, récord mundial 9,58 seg., en el hectómetro y un despampanante 19,19 en los 200 se convierten en referente para los seguidores.

Además, en esta ocación el super Bolt no llegó a Beijing liderando el raking del orbe como en otras oportunidades, ni tampoco sus marcas resultaban muy esperanzadora, todo lo contrario exhibia su rival más enconado el estadounidense Justin Gatlin.

Eso eran algunos de los antecedentes más próximos, en la línea de partida del estadio Nido de Pájaro, el campeón era el niño grande de siempre, sonreía a las camaras, lucía relajado, jugueteaba con el público, sin embargo, del resto de los participantes, no se podía decir lo mismo, pero, tras la señal de salida del starter se liberaban las tensiones y nueve pares de piernas y brazos batallaban en un esfuerzo cercano a los límites, y 9,79 segundos después Bolt cruzaba la meta por delante de todos y la sonrisa era nuevamente el regalo a sus adoradores.

Si Carl Lewis por su indiscutible calidad fue bautizado como “el hijo del viento”, entonces con que nombre será conocido Usain Bolt, “¿el rayo?”, quizás, pero la sinfonía que ejecutan sus piernas ya no le pertenecen a él, ni sus récord, ni sus medallas, porque todo se ha convertido en leyenda y realidad viviente que nadie se atreverá a borrar.

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