A 50 AÑOS DE UN SUEÑO QUE SE CONVIRTIO EN REALIDAD.


El 15 de octubre de 1964 el  Centro Deportivo Komazawa, acogía a los hombres más veloces del planeta para dirimir la medalla de oro en la prueba cumbre del atletismo los 100 metros planos.

Por el tercer carril de la línea de partida está el cubano Enrique Figuerola Camué. Había llegado a esta final  luego de de salir airoso un día antes en las dos primeras eliminatorias con tiempo de 10,5 y 10,3, respectivamente.

En la jornada siguiente avanzó tercero en una de las semifinales al cronometrar 10,4, lo cual le abrió por segunda vez consecutiva  las puertas de una final olímpica, con anterioridad lo había en hecho en Roma, 1960, ocasión en que finalizó en la cuarta plaza.

En Cuba el pueblo seguía las incidencias a la distancia, por entonces las comunicaciones no estaban tan desarrolladas como ahora, que se cuenta con señal satelital  para radio, televisión e Internet, este último donde cada acontecimiento en el más recóndito de los parajes del universo son difundidos  en tiempo real.

Pero, ¿quién era hombre fornido de apenas un 1,70 metros de estatura y más de 60 kilogramos de peso, extremidades inferiores cortas y algo encorvadas, toda la antitesis de un velocista?

Enrique Figuerola, nació el 15 de julio de 1938 en la ciudad de Santiago de Cuba, al este de La Habana, desde temprana edad se vínculo a la práctica deportiva y la primera disciplina con la que trabo contacto fue con el béisbol, algo común  en cualquier niño, adolescente o joven en la Isla en la época.

Sus rapidez ya habilidades lo llevaron de la mano a la posición de torpedero, pero a su vez despertaron la atención de los entrenadores que lo aconsejaron  para que probará suerte en el deporte rey.

Y así lo hizo, hasta que a finales de la década de los años ´50 del pasado siglo XX vence al entonces mejor especialista del país el camagüeyano Rafael Fortún Chacón, esto provocó  el necesario y saludable cambio generacional.

Luego de la experiencia de la cita estival italiana, tuvo participación en juegos panamericanos y centroamericanos, así como en la Universiada Mundial de Sofía, Bulgaria, y otros certámenes que fueron preparando el camino hacia la justa japonesa.

Ese era grosso modo el palmarés del cubano cuando aquel 15 de octubre  emprendería un viaje hacia el podio de los olímpicos, estará acompañado por el norteamericano Robert (Bob) Hayes, que lo haría por el carril número uno y el canadiense Harry Jerome que tomaría la larga por la senda cinco.

Las buenas actuaciones del  Fígaro, como era llamado también hacia que los especialistas, además era poseedor de una de las mejores arrancadas de todos los tiempos, todo lo contrario del  estadounidense Hayes, situación está que motivo que los entrenadores de este decidieran realizar una sesión de entrenamiento conjunto con el cubano, lo cual les permitió percatarse el defecto que tenía su pupilo quien  utilizaba una estancia corta dada las extremidades largas que tenía.

A las voces de mando del starter , los ocho corredores se alinearon en los bloques de salida y al disparo la reacción de Figuerola fue la de siempre dejando atrás a sus rivales, así se mantuvo la carrera durante los primeros 80 metros aproximadamente, hasta que la gigantesca figura de Hayes comenzó a sobrepasarlo hasta arribar a la meta con tiempo récord de 10 segundos flan, en tanto el antillano arribaba segundo con 10,2.

Esta fue la primera medalla olímpica de Cuba, después del triunfo de la Revolución, nuevos tiempos soplaban y el deporte aportaba su granito de arena a la nueva sociedad.

No sería la única vez que Enrique Figuerola subiría el podio estival, cuatro años más tarde en México, acompañaría a Hermes Ramírez, Juan Morales y a Pablo Monte en el segundo escaño alcanzado por la isla en el relevo 4-100 metros planos.

En su larga  y fecunda trayectoria deportiva Figuerola recibiría otros reconocimientos y homenajes, entre los que se encuentra el haber sido seleccionado el mejor atleta del país en la década, de 1960-1970, el Sello de como miembro fundador de la IAAF, Orden al Mérito Deportivo    Medalla “Rafael María Mendive” por 25 años de trabajo en el Sindicato de Trabajadores de la Educación y la Ciencia,    Medalla 75 Aniversario de la IAAF, y la  Distinción “Mártires de Barbados”.

Pero, a sus 76 años de edad  la que más disfruta de todas es la del amor y el cariño que cada hombre o mujer le profesan día a día en su isla amada.

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