QUÉ LA CORDURA IMPERE EN EL TERRENO


La LIV  Serie Nacional de Béisbol recién  comenzó, y ya en los días previos se caldeado las opiniones acerca de la presentación en las nóminas de equipos de dos peloteros sancionados por serias indisciplinas en la pasada edición.

Sobre todo el público cubano, y el que no lo es, recuerda con desagrado lo ocurrido en febrero pasado en el estadio Victoria de Girón,  de Matanzas, donde el pelotero local  Demis Valdés agredió bate en manos al lanzador Freddy Asiel Álvarez,  después que este propinará tres pelotazos  a jugadores yumurino.

Ante todo consideramos que fue extremadamente benévola la sanción impuesta a Valdés  y nos extraña que no haya tenido una repercusión judicial, no era hacer leña del árbol caído, sino aplicar con exactitud la justicia que merecía el caso para evitar males mayores después.

Ahora bien y vuelvo al comienzo la repercusión mediática del hecho en si, fue superada por la cantidad de letras y cuartillas gastada desde entonces, donde tirios y troyanos  han tratado el asunto.

Lo cierto de todo esto es que la violencia en el deporte cubano no es nuevo, y desafortunadamente ha crecido, solo pongamos una breve relatoría de de hechos ocurrido en los últimos años.

En un periodo de aproximadamente 10 a 15 años hay varios peloteros que han incurrido en agresiones a otros atletas, directivos y árbitros como son Pedro Poll, el desdibujado Gabriel Pierre, Manuel Vega, Mitchel Enriquez y Lisván Correa el cual provocó un suceso de mayores proporciones.

Y hasta el propio intercambio Ramón Lunar víctima de lo ocurrido en Matanzas, también salió en una oportunidad bate en mano  contra Vladimir García ¿acaso tenemos tan mala memoria?.

También graves indisciplinas  han tenido en campeonatos nacionales de otros deportes, el baloncesto masculino, fútbol, y un etc., más menos ampliado.

De lo que se trata es que la aplicación de sanciones tienen que ser pareja, educativas, pero sin blandenguerías, donde cada hombre o mujer siente el rigor del castigo por la falta cometida, y después tener la oportunidad de recomenzar   desde la base a labrar nuevamente su historia.

Así se estará enviando un mensaje a todos los deportistas, de que los estadios son para competir con honor y vergüenza, y no para llenarlos de de las miserias y bajezas humanas.

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