OSCAR GARCÍA: EL FLORETE DORADO.


Estocadas que se respetan, esgrima de calidad, constituyen poemas de victorias en el recuerdo de Oscar García Pérez, un humilde hijo de el Camagüey, ciudad situada en la región centro oriental de Cuba.

Para este joven, de estatura elevada, piel negra, serena mirada y perenne sonrisa,  en otras épocas definitivamente pasadas no le hubieran permitido concretar su sueño de brillar en los escenarios deportivos internacionales, sobre todo en una disciplina dominada por la élite europea.

En el año 1985 tuvo su primera prueba de fuego al ser incluido en la selección nacional de mayores,  a partir de ese momento con su florete en mano comenzó una trayectoria que lo llegaría a encumbrar entre los mejores “tiradores” de esa arma en el mundo.

Guiado por sus entrenadores, Oscar García y un grupo de jóvenes empezaron a labrar un camino de éxitos importante para la esgrima cubana en general y para el florete en  particular.

Por sus características personales, serio, equilibrado y modesto, el atleta camagüeyano sobresalía en los duelos por equipos, donde resultaba un hombre indispensable en la formación del equipo de la Mayor de las Antillas en los diferentes certámenes internacionales en que participaba.

Para Oscar, el lema de Los Mosqueteros, de Alejandro Dumas, de “Todos para uno, y uno para todos”, constituía su principal alimento espiritual en cualquier justa.

Para muchos, él resultó el esgrimista más integral que Cuba ha dado, después del inmortal Ramón Fonst.

En su carrera deportiva el atleta camagüeyano obtuvo dos medallas olímpicas, una de plata en Barcelona, 1992 y la otra de bronce en Atlanta, 1996, ambas en torneos por equipos.

A este palmarés se agregan coronas doradas en los campeonatos mundiales celebrados en Budapest, Hungría en 1991, y en La Haya, Holanda en 1995, también en enfrentamientos por colectivos, y una de bronce individual en 1994.

Durante su permanencia de casi 18 años en la selección nacional, Oscar García, triunfó individualmente en ocho Copas del Mundo, tres de ellas en el fortísimo torneo Villa de La Habana, adonde acudió una selecta nómina de lo mejor del planeta.

Además, en el año 1997 llegó a ubicarse en el segundo lugar del ranking mundial, con lo cual probó suficientemente su calidad.

Su participación en el extranjero abarcó cuatro Juegos Deportivos Panamericanos, tres lides Centroamericanas y del Caribe, e igual cantidad de mundiales universitarios.

Su retiro activo del mundo de la esgrima llegó durante la Primera Olimpíada del Deporte Cubano, y desde entonces brinda sus conocimientos y basta experiencia de casi 20 años..

En su lejana infancia Oscar García no pudo imaginar que aquellos juegos de capas y espada que protagonizaba a diario, le permitirían un día ser considerado entre los mejores esgrimista del mundo.

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