CONVERSANDO… DE GOLPES DE ESTADO


El último viernes de cada mes Jorge Santos Caballero, escritor, ensayista y periodista, invita a sus amigos y a todo aquel que desee  a la tertulia “Conversando en el Café”, que tiene por escenario el pequeño patio de la librería “Antonio Suárez” situada en la calle peatonal  “Maceo” de la ciudad de Camagüey.

El encuentro informal, resulta siempre ameno, porque la charla no es unipersonal, sino un diálogo entre el conductor y su público, que resulta enriquecedor para todos los participantes.

Hechos, personajes de la política, la cultura, el deporte y otros tanto nacionales como extranjeros suelen aparecer en el modesto espacio, cuales sombras del pasado para testimoniar a través de los interlocutores momentos apasionantes de la historia.
En la última “conversación” Jorge Santos Caballero abordó un tema singular en la política cubana  y también presente en Latinoamérica, y el Caribe, y más reciente en otros lugares del mundo los golpes de Estado.

Este fenómeno estuvo presente en Cuba desde que se instauró la República en 1902, aunque desde mucho antes en la misma lucha armada hubo visos de ello cuando el “Padre de la Patria” Carlos Manuel de Céspedes fue destituido en 1873 por la Cámara de Representantes.

Durante el periodo republicano se sucedieron diversos hechos como fue la guerrita de agosto, debido a la  “cañona” dada por Tomás Estrada Palma para ser electo por segunda ocasión en el año 1906 que desemboco en la segunda intervención norteamericana en la Isla que se mantuvo hasta el año 1909 en que asumió la presidencia José Miguel Gómez quien tuvo el mote de “Tiburón se baña, pero salpica”  luego vendría el alzamiento del Partido Liberal en 1917 más conocido como “La Chambelona”, el cual estuvo dirigido  contra el gobierno de Mario García Menocal, el famoso “Mayoral”, nuevamente las tropas yanquis ya asentadas la Base Naval de Guantánamo salieron de sus barracas para controlar la situación que dejó centenares de muertos.

Otra vez  la cara peluda del golpe de Estado apareció en la década de los años ´30 del siglo XX, cuando fue derribado Antonio Machado, luego de una insurrección popular, que finalmente fue capitalizada por las fuerzas derechistas a la sombra de la embajada norteamericana que en definitiva era la encargada de poner, quitar, y hacer lo que le viniera en ganar en el país  al amparo de la Enmienda Platt.

En esa década de honda crisis política en la isla por el Palacio presidencial una larga estela de personajes muchos de ellos de oscura recordación que estuvieron apenas, días y horas sustentando el poder, aunque a partir del cuatro de septiembre de 1933 el poder real estuvo en manos de Fulgencio Batista Zaldivar un sargento devenido coronel con el beneplácito de la embajada norteamericana en Cuba.

Tras la caída de Machado en 1933 fueron declarados presidente de facto Alberto Herrera Franchi,Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, hijo del Padre de la Patria, la Pentarquía, integrada por  Ramón Grau San Martín, Sergio Carbo, Guillermo Porteles, Porfirio Franca, y José Miguel Irrisari, Ramón Grau San Martín, Carlos Hevia, Manuel Márquez Sterling.

Nuevamente en 1934, Estados Unidos buscó un mejor servidor y se produce un nuevo golpe palaciego y es sentado en la silla presidencial Carlos Mendieta, bajo la égida del embajador Jefferson Caffery y del coronel Batista, en 1935José A. Barnet, 1936 Miguel Mariano Gómez y finalmente 1936 Federico Laredo Brú.

Los golpes de Estado volverían aparecer en 1952, exactamente el 10 de marzo cuando la sangre golpista de Batista lo llevó a deponer a Carlos Príos Socarrás y la última jugarreta la haría el 31 de diciembre de 1958, cuando ante el empuje arrollador del Ejercito Rebelde en Oriente, Camagüey y Las Villas hacia presagiar la derrita inminente, trato de traspasar el gobierno a manos de Eulogio Cantillo quien al día siguiente el primero de enero de 1959 convocó al magistrado Piedra para que asumiera la jefatura de Estado.

Afortunadamente la historia cambio para siempre aquel día y los golpes de Estado dejaron de ser una preocupación para la población que más de una vez puso su sangre por medio.

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