SE ACABO LA CUENTA Y EL CUENTO


La Serie del Caribe culmina este sábado, pero lamentablemente, Villa Clara, en representación de toda Cuba, no estuvo envuelta en la fase final de esta competencia que por desconocida para la afición nacional dejó indiscutibles insatisfacciones y enseñanzas, que reafirman mucho de lo que se ha dicho en anteriores ocasiones, no desde el año 2008 cuando se perdió en la final olímpica de Beijing, sino desde años atrás en la década de los años ´90 del pasado siglo XX.

Entonces, estos mismos problemas en cuanto a maestría, nivel técnico y actualización de la pelota cubana eran hechos visibles, solo que los triunfos alcanzados a puro corazón tapaban de torneo en torneo los sustos pasados aunque algunas veces se cayó por estos mismos errores como en Sídney 2000, ocasión en se minimizó el efecto de la derrota con justificaciones.

Pero, llegó el siglo XXI, y en su etapa más avanzada aparecieron las lamentaciones por no abordar el problema del béisbol con la profundidad que se requería.

En más de oportunidad hemos comentado que no se vio con claridad el futuro desde que en 1981 el Comité Olímpico Internacional, (COI), en el Congreso celebrado en Bden-Baden abrió sus puertas a os mejores atletas del mundo, entiéndase el profesionalismo, atrás quedó la forma regla 26 de la carta olímpica que impedía a todo deportista que cobrase por la práctica de la disciplina a ser elegible para las citas estivales.

Tiempo después la International Basseball Association Amateur, (AIBA), bajo la presidencia de Robert Smith, en su conclave efectuado en La Habana 1984, hizo desaparecer de su sigla esa última palabra y la dejó en la simple IBA, International Bar Association, preludio de lo que vendría después.

Muchas personas que peinan canas, o ya no tienen pelo, intuyeron que algo se cocinaba al efecto, o sea un coqueteó con las Grandes Ligas, para que los profesionales pudieran participar en los Juegos Olímpicos de Barcelona ocho años más tarde, algo que Major League Baseball, (MLB), ha desestimado “olímpicamente”, pues su negocio es mucho más rentable y las tajadas más sustanciosas que las “migajas” que pudiera obtener bajo los cinco aros.

Todo eso unido a los problemas económicos del periodo especial, el deterioro de las instalaciones beisbolera en la base, la falta de implementos, guantes, pelotas, bates, la presencia de numerosos técnicos cubanos en colaboración internacional y por supuesto al éxodo de atletas, que han alterado la continuidad generacional, más la falta actualización en las corrientes que se mueven internacionalmente en este deporte han dado al traste con la situación que tiene la pelota en la Isla, que en el último lustro no exhibe un título de relevancia en sus vitrinas.

Esta sequía pudiera prolongarse aún más si no se acaban de tomar las decisiones adecuadas, que aficionados, periodistas y especialistas en la materia han esbozado con mayor o menor entelequia, pero que en el fondo tiene un denominador común, cambiar todo lo que debe ser cambiado, incluida la inoperante, aburrida y demagoga comisión nacional de béisbol, la cual a pesar de los fracasos constantes no acaba de encontrar el camino correcto.

Entre las cosas que deben ser reanimados es el que se juegue pelota en cada barrio, comunidad rural y escuelas de todas las enseñanzas, multiplicar los campos de béisbol, en vez de permitir que determinadas instancias la conviertan en cualquier cosa que se les ocurra sin tener en cuenta el valor de identidad que la pelota tiene en el país, poner a todos los entrenadores en función de ese objetivo y dejar de pensar, aunque humanamente tengan su derecho, en servir en otros lugares del mundo, porque el problema está planteado aquí, con eso no vamos a ser menos solidarios.

Por otra parte acabar de contextualizar el régimen de participación, que en su momento de creación hace más de 50 años en otras condiciones históricas distintas tuvo un indiscutible valor para el desarrollo deportivo de Cuba, pero que en la actualidad, ya ha perdido varios de esos valores, y que se convierten en freno a las crecientes necesidades y satisfacciones del país.

Comose ha expresado en otras ocasiones un país con mas de 11 millones de personas, no puede continuar organizando una Serie Nacional con la obligatoria participación de 16 equipos, que sin bien contentan los sentimientos regionalistas, poco aportan por su costo y falta de calidad a la competitividad que deben tener las selecciones que representan a la Mayor de las Antillas.

Resulta impostergable el hecho de que algunas figuras que por su calidad deportiva y humana estén en condiciones de hacerlo, permitir luego de determinado tiempo cumplir contratos internacionales en busca de mayor fogueo y conocimiento práctico de otras formas de jugar al béisbol.

No somos ignorantes a las múltiples trabas que el Imperialismo continúa poniendo a las personas que han decidido vivir, trabajar y amar en su país, pero lo realmente revolucionario es seguir subiendo la parada a esas absurdas medidas que el desprestigiado gobierno de los Estados Unidos impone a Cuba y el béisbol es un terreno de batalla en esa sentido.

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