EL AJEDREZ DERECHO DE LOS CUBANOS


Aunque no lo conocimos personalmente, como le sucedió a muchos otros de nuestra generación, a José Luis Barreras Merino tendremos que agradecerle eternamente los esfuerzos, desvelos y sacrificios que desplegó para desarrollar el ajedrez en Cuba.

De derecha a izquierda Fidel Castro, José Luis Berreras y Robert Fischer, La habana 1966.

Este notable pedagogo y ajedrecista, que nació en la capital de la actual provincia Victoria de Las Tunas, fue un excelente intérprete de las ideas de Ernesto Che Guevara en cuanta a masificar el aprendizaje del llamado juego ciencia en la Mayor de las Antillas.

En la ciudad cuna del general del Ejercito Libertador cubano Vicente García, transcurrió los primeros años de vida y de sus incipientes pasos en el mundo del ajedrez y el periodismo allá por 1932 ó 33, y en la década de los años ´40 se traslada hacia La Habana.

El triunfo de la Revolución lo sorprende en la gran urbe capitalina, donde pronto comenzó a trabajar en la Dirección General de Deportes, (DGD) y luego de esta en el Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación, (INDER). En esas funciones llega el inevitable encuentro con el Guerrillero argentino,.

A partir de esa relación surgen en inagotable manantial numerosas ideas que son respaldadas por el líder de la Revolución Fidel Castro, quien ya el 29 de enero de 1959, había expresado: “Venimos decididos a impulsar el deporte a toda costa, llevarlo tan lejos como sea posible…, todos los muchachos van a hacer deportes, es lo que hace falta, aparte de lo beneficioso que es para la juventud, para el pueblo, para las condiciones de salud por lo que llegará el día en que podamos desempeñar un papel importante en la lucha internacional en el campo del deporte”.

Y que el periodista tunero sintetizará magistralmente en la frase “El deporte, derecho del pueblo”.

En una de aquellas charlas el Che había dicho a José Luis Barreras, “El ajedrez tiene que se masivo”, y desde entonces, el periodista tunero y dirigente deportivo organizó numerosas torneos, simultáneas, seminarios, y junto a ellos una amplia divulgación relacionada con esa actividad.

En aquellos años ´60, se habilitó el coche de un tren, el cual fue pintado en cuadros blancos y negros, y así recorrió toda Cuba de Maisí a San Antonio, convirtiéndose en un hecho nunca antes visto y que movilizó a niños, jóvenes y adultos, mujeres y hombres que tuvieron acceso al nuevo conocimiento del milenario juego, también fue notable aquel match final por el Campeonato Nacional de Cuba de 1967, entre el entonces Maestro Internacional Eleazar Jiménez y el hoy Gran Maestro Silvino García celebrado partidas en cada una de las seis antiguas provincias, en Camagüey tuvo por escenario el auditórium “Iván Hidalgo Funes”.

Las instalaciones que antes eran exclusivistas se convirtieron en Academias de Ajedrez para la práctica de las juventudes.

A los logros de Barreras hay que sumarle la creación del Torneo Internacional Capablanca Inmemorial que desde sus mismos inicios tuvo la máxima categoría que la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), le otorgaba a esos eventos desfilando por Cuba los mejores exponentes mundiales de la época, entre los que cuentan Vassily Smislov, Mijail Tal, Victor Korchnnoi, Efim Gueller, Bent Larsen, Svectozar Gligoriz, Lajos Portich, Borislav Ivkov y la sui generis presentación de Robert Fischer en 1965.

Pero, la consumación de aquel esfuerzo por masificar el juego de los trebejos llegaría en 1966 cuando La Habana acogió a los mejores ajedrecistas del planeta en la Olimpíada, la segunda vez que un país de América Latina era sede de un certamen de tal magnitud.

Entre las funciones que desempeño José Luis Barreras Marino estuvo la de vicepresidente de la FIDE y su titular para la zona siete, fue elegido para el Libro de Oro de esa entidad, y fue Árbitro Internacional.

La frase del Che de que Cuba tendría grandes maestros y sería obra de la Revolución, es en la actualidad una realidad, creciendo hasta lugares insospechados, hace poco más de medio siglo atrás, y que tienen como basamento la historia ajedrecística del país, los cambios y transformaciones traídos por el triunfo del Primero de Enero, y la aplicación de una conscientes y consecuente política de desarrollo, no exentas de dificultades y tropiezos, ha logrado un saldo de favorables éxitos.

El 31 de julio de 2005, a los 88 años de edad dejaba de existir físicamente José Luis Barreras, pero su obra basta y profunda ha quedado cimentada para siempre.

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