DEPORTES EN DEUDAS (I)


Una radiografía al deporte cubano actual nos ofrece la caída en picada que han tenido varias disciplinas en los últimos años debido a diversos factores de carácter objetivos y subjetivos lo cual se aprecia en los distintos certámenes internacionales en que el país está envuelto.

En esta primera parte comenzaremos por el baloncesto masculino un deporte que tuvo momentos de glorias, como aquella fascinante victoria del quinteto nacional en los Juegos Panamericanos de Cali 1971 sobre la selección de Estados Unidos dejando a esta última, por primera vez, fuera del cuadro de medallas, o la presea de bronce conquistada un año después en la cita estival de Munich, Alemania.

La década de los años 70 fue esplendorosa para el básquet masculino de la Isla, porque además de esos resultados, se añadieron la medalla de plata en la Copa Mundial de Perú, en el año 1973 y el cuarto lugar en el Campeonato Mundial de Puerto Rico en 1974, y aunque luego no se lograrían desempeños tan brillantes, si mantuvo un desempeño adecuado al historial y a la calidad de aquellos jugadores.

Eran los tiempos en que sobresalían atletas como los fallecidos Pedro Chappe y Alejandro Urgelles,Ruperto Herrera, Miguelito Calderón, y otros que años más tarde llegarían a brillar, entre los pudiéramos mencionar a Daniel Scott, Leonardo Pérez, Lázaro Borell y Ángel Oscar Caballero quienes mantuvieron al baloncesto al menos en un lugar digno en el continente y la región centroamericana.

Sin embargo, a partir de finales década de los años ´90 del pasado siglo y en lo que va del actual las cosas comenzaron a cambiar, el sistema competitivo nacional comenzó a presentar evidentes desaciertos, la atención en la base, unas veces por la escasez de recursos y otras por ineficiencia son algunas de esas causas.

Se priorizó solo el trabajo en las escuelas deportivas de alto rendimiento y no se estimulo aquellas áreas donde siempre este deporte tuvo arraigo popular como fueron las secundarias básicas, los preuniversitarios y las propias universidades.

El trabajo de captación de jugadores de elevada talla no se le dio el seguimiento que había tenido en el pasado, un elemento esencial en el baloncesto moderno, así como la actualización de los entrenadores en la preparación técnica, táctica y estratégica tampoco funcionó como debía ser.

A esto se pudiera sumar la entrada de jugadores profesionales al programa olímpico que evidentemente obligó a todas las naciones a insertar atletas en esas ligas, a la vez la falta de roce internacional de los baloncetistas cubano por ese propio motivo y la desaparición del campo socialista conllevó que mucho jóvenes con condiciones físicas idóneas para esta disciplina saltar a otras con opciones competitivas más atractivas.

Ejemplo es que mientras en el baloncesto cubano se nota cada vez más la ausencia de jugadores altos el voleibol cuenta con muchas figuras con estatura superior a los dos metros de altura.

A todo esto se une la salida del país de hombres que buscan por cuenta y riesgo insertarse en el sistema de Ligas en otros países, no siempre con el resultado por ello esperado, pero que anhelan probar su calidad allí.

El actual Torneo Nacional de Ascenso con la participación de todas las provincias del país deja mucho que desear, varios de los equipos han llamado a sus filas a deportistas que ya han visto pasar sus mejores días sobre la duela y que a la vez no justifica el afán de la comisión nacional de baloncesto de desarrollar nuevas figuras.

Ejemplo son la presencia de José Rosell, con 47 años de edad en la escuadra de Matanzas, Ángel Núñez en Santiago de Cuba, Ruslan Díaz, quien al decir del director técnico de Pinar del Río tuvo que rebajar alrededor de 15 kilogramos de peso corporal y aún se le observa fuera de forma y de Yosvany Pérez del propio equipo son pruebas que niegan el objetivo del Campeonato.

Por otra parte, se aprecia en las selecciones que compiten en el torneo poco dominio de los fundamentos básicos del baloncesto y todo se convierte en un corre, corre sobre la cancha, además que persisten fallas como la efectividad en los tiros libres que casi nunca llega al 70 por ciento.

Qué hacer ante esa situación permitir que el básquet en Cuba continúe la caída en picada hacia un abismo insalvable, o dar solución lógica a los problemas enumerados y otros que puedan existir, esa es una deuda pendiente que los directivos del deporte deben saldar lo ante posible.

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