EL LEGADO DE SALVADOR ALLENDE


Salvador Allende.

El 11 de septiembre de 1973, hace 40 años, el fascismo suprema expresión del imperialismo, asomo una vez más su terrible rostro en pueblos de América Latina. Decenas de miles de personas fueron apresadas, torturadas, asesinadas, y en el mejor de los casos tuvieron que abrigarse con el duro ropaje del exilio durante largos años.

Los gobernantes norteamericanos atragantados con la espina de la Revolución Cubana, no podían soportar un nuevo cambio social en el continente, aunque este fuera por vías pacíficas, con las propias reglas de la “democracia” representativa, y sepultaba en una asonada militar uno de los nobles intentos de beneficio popular

Salvador Allende, nacido en Santiago de Chile el 6 de junio de 1908, en medio de una familia de clase media acomodada, era médico de profesión, pero revolucionario de corazón y en contra a su formación social pronto se incorporó a las posiciones de la izquierda de su país y comienza una trayectoria política que lo llevaría a parlamentario primero, ministro después y finalmente elegido presidente en 1970.

Desde los momentos iniciales Allende no dudo ni un instante en aplicar las medidas que había prometido a su pueblo, reforma agraria, nacionalización de los recursos naturales, en especial el cobre, apoyo a la Cuba de Fidel Castro y otras que no fueron del agrado del imperio yanqui y la oligarquía local.

El gobierno de los Estados Unidos y sus aliados de siempre, la burguesía, dedicaron todo el tiempo en tratar de impedir primero el ascenso a la presidencia, del líder del Partido Socialista Chileno y luego siguieron un guion, muy similar al que ejecutaron en Nicaragua, Irak y Libia años después y ahora tratan de llevarlo a cabo en Siria, control parlamentario de la oposición de derecha, como freno a las leyes que favorecían al pueblo, organización y financiamiento de grupos terroristas, ataques mediáticos contra la figura del presidente y de sus principales colaboradores y como colofón el cuartelazo que tuvo dos partes, una desarrollada en junio de 1973, abortado por fuerzas leales al mando del general Carlos Prats y la segunda apenas tres meses más tarde, luego de una prolongada crisis que desgastó a la dirección del país, obligada a realizar constantes cambios en el gabinete ante el constante asedio político.

Sin embargo, el ejemplo y las ideas del presidente Salvador Allende no fueron olvidadas, su pueblo continuó la lucha en difíciles circunstancias, en medio de una ola represiva sin antecedentes en la historia chilena.

Hace cuatro décadas él dijo: “Debo decirles con franqueza de gobernante y compañero que tenemos que estar alertas, muy alertas, sin perder la serenidad, con la cabeza fría y el corazón ardiente…”.

La deuda contraída con la sangre del presidente Allende y de quienes lo acompañaron dignamente en el holocausto, aún no está saldada, trabajadores y jóvenes estudiantes enfrentan con decisión las secuelas de la presencia del fascismo y las recetas neoliberales en la nación andina, ellos son los encargados de abrir las grandes alamedas por donde transitará el hombre nuevo que él avizoró.

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