JUDOCAS CUBANOS PUSIERON A RITMO DE SON LA SAMBA BRASILEÑA



Lógicas dudas existían en la afición especialistas cubanos acerca de la actuación de la Mayor de las Antillas en el recién finalizado XXIX Campeonato Mundial de Judo, que se realizó en Rio de Janeiro, Brasil.

Tales pensamientos estaban originados por la cantidad de figuras jóvenes que conformaron la escuadra en un y otro sexo, muchas de ellas sin experiencia en estas lides y otros en una etapa en que ya los años han comenzado a pesar, además del aumento de la calidad exhibidas por países que años atrás ni siquiera soñar podían con el podio de un certamen de este tipo.

Ejemplos fueron varios, algunos del propio continente americano como Colombia, y Brasil que si había enseñado fuerza, ahora como sede pues se prepararon mejor que nunca para enfrentar la contienda.

Idalys Ortiz.

Las esperanzas criollas se depositaban en dos figuras Idalys Ortiz, la carismática atleta de Pinar del Río, que en su aval contaba con el oro olímpico de Londres 2012, y otras medallas en citas estivales y mundiales, y Asley González, un judoca que en la capital británica alcanzó el metal plateado, pero más allá técnica y voluntad de vencer.

A ellos se unian Yanet Bermuy, un sistemática medallista y Oscar Braison otro con resultados de antaño, pero a quienes el tiempo y las lesiones parecen irle agotando el tiempo de estancia en el deporte.

El título de Idalys era la consagración de su carrera, pero en su camino habría rivales dispuestas a quitar la perenne sonrisa de la cubana entre ellas la japonesa Megumi Tachimoto, quien con anterioridad la había derrotado en dos de los tres enfrentamientos que había sostenido, más en Río, las cosas fueron distintas y la pinareña la venció en semifinales y ya el oro en su cuello era una cuestión de tiempo.

Asley González.

Para Asley González, las cosas eran diferente tendría que demostrar una alta forma competitiva, una excelente disciplina táctica y gran preparación técnica para poder dejar atrás a sus fuertes adversarios en una división que históricamente no ha sido la mejor para los judocas de la Isla, pero el triunfo fue realidad, y con ello devolvió la tranquilidad al país que había visto pasar varias jornadas sin que ningún atleta hubiera subido al podio.

Para finalizar las muchachas se unieron en una gran batalla y conquistaron un peleado bronce por equipos un evento que nos parece es un acierto de la Federación Internacional de la disciplina, porque trae aparejado e interés de la afición y convierte en un colectivo a una disciplina que tiene sus raíces individuales.

Además, Cuba alcanzó dos quintos lugares e igual cantidad de séptimos peldaños con un grupo de deportistas que entran a formar parte de la selección nacional en un año de cambio generacional con vista a los ciclos olímpicos que culminarán en el 2016 y el 2020, la materia prima parece de buena calidad, con maestros como Ronaldo Veitía y Justo Noda se puede pensar en que el judo cubano permanecerá en lo alto y el quinto lugar histórico que hoy ostentan en el medallero con 17 metales dorados, 18 de plata y 35 de bronce, se incrementará notablemente en el futuro.

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