EL CAMAGUEY Y EL HIMNO NACIONAL CUBANO


El 20 de octubre de 1868 se entonaron  por primera vez las gloriosas notas de lo que luego se convirtió en Himno Nacional de Cuba, cuando Pedro “Perucho” Figueredo, uno de los patriotas alzados en armas diez días antes junto a Carlos Manuel de Céspedes daba a conocer el que fue conocido en sus inicios como el himno de Bayamo.

Era justo que aquel canto que en sus estrofas decía que “… morir por la patria es vivir…” , y que el escuchar el sonido del clarín era el momento de empuñar las armas fuera uno de los símbolos patrios de la nación que comenzaba el proceso de acrisolamiento.

La imagen de Perucho Figueredo, sobre el lomo de su cabalgadura escribiendo el himno se ha transmitido de forma verbal de generación en generación, de padres a hijos sucesivamente, pero pocos conocen de como aquella partitura pudo ser salvada para la posteridad en su totalidad.

Según cuenta el Doctor Roberto Méndez Martínez, fue una camagüeyana Adela Morell, quien conservaba la línea melódica del himno, en un autógrafo que le dedicara el propio autor y gracias a ese hecho se logró armonizar está con la letra que a su vez guardaba Fernando Figueredo Socarrás, otro hijo oriundo de la tierra de Ignacio Agramonte.

Con el paso de los años y en la preparación de la guerra necesaria, José Martí, desde la emigración tenía plena conciencia de la necesidad de fuera el Himno de Bayamo el que encendiera el espíritu patriótico de los cubanos, y por ello encargó a otro camagüeyano Emilio Agramonte Piña, quien, se licenció en Derecho en España, país donde también cursó estudios musicales que luego perfeccionó en Italia y Francia, completándolos en Nueva York, la tarea de orquestar esa obra y otros cantos patriótico

El resultado de ese esfuerzo fue publicado en el periódico Patria el 25 de junio de 1892, donde estuvo acompañado de las siguientes líneas:

“El acompañamiento del himno es de uno de los pocos que tuviesen derecho a poner mano en él, nuestro Emilio Agramonte, cuya alma fervorosa nunca se conmueve tanto como cuando recuerda aquellos días de sacrificio y de gloria en que las mujeres de su casa daban sus joyas al tesoro de la guerra, en que los jóvenes de la casa salían cuatro veces seguidas, a morir. ¡No han de ponerse las cosas santas en manos indignas! ¡Ni quiso el maestro Ilustre hacer gala de su arte en la composición; sino respecto al himno arrebatador y sencillo. Oigámoslo de pie, y con las cabezas descubiertas!”.

De las múltiples orquestaciones existentes acerca de la versión oficial del Himno Nacional, tres de ellas pertenecen a la creación de otros hijos ilustres del Camagüey los maestros José Marín Varona, Gaspar Agüero Barreras y Luis Casas Romero, este último autor también de una emblemática obra de profundo contenido patriótico “El Mambí”.

En el año 1983, el desaparecido investigador y musicólogo Odilio Urfé presentó una ponencia a la Asamblea Nacional del Poder Popular con la versión definitiva de nuestro Himno Nacional, la cual fue aprobada e inmediatamente se procedió a la edición en partitura y fonograma para conocimiento público.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Camagüey, Cuba, historia y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s