BEISBOL CUBANO: UNA FECHA Y DOS ESTRELLAS


El 25 de mayo está asociado con los natalicios de dos glorias del béisbol cubanos de todos los tiempos, por tanto son efemérides que no se pueden pasar por alto en el acontecer histórico de la Isla.

EL INMORTAL

La primera, pero de 1906, nació en el municipio de Limonar en la provincia de Matanzas, uno de los grandes peloteros de la Mayor de las Antillas el insuperable Martín Dihigo Llanos, una estrella en toda la extensión de la palabra en ese deporte que brilló en los terrenos no solo de Cuba, sino también de Estados Unidos, México, Venezuela, República Dominicana, y Puerto Rico, y en todos dejó su huella inmortal.

En varias de esas naciones ha sido exaltado al salón de la fama, y fue el segundo atleta de origen latino en hacerlo en Coopertown, Nueva York, luego de que un Comité Especial valorará sus resultados en las llamadas Ligas Negras estadounidense, donde jugó por décadas debido a que la discriminación racial, le impidió a él y a otros muchos peloteros de ese color de la piel, mostrar sus cualidades y grandeza a plenitud en la MBL.

Martín Dihigo fue capaz de desempeñarse con soltura en las nueve posiciones del cuadro y a la vez ser un temible bateador, era tan inmensa su calidad que en dos ocasiones, una en Cuba, y otra en México ganó a la vez el liderazgo de bateo y el de pitcheo.

La primera vez que ocurrió ese hecho fue en la temporada de 1935-´36, con el club Santa Clara de la Liga Profesional Cubana, donde promedió 358 de average ofensivo, y conquistó 11 victorias con solo dos derrotas como lanzador.

En 1938 repetiría la proeza en México con números asombrosos al ganar 18 partidos con par de reveses, promediar 0,90 en carreras limpias permitidas por actuación y batear para 387, en las dos ocasiones sus actuaciones contribuyeron a los triunfos de los equipos que representaba.

El 20 de mayo de 1971, próximo a cumplir 65 años de edad, falleció este jugador historia, la noticia repercutió en todos los lugares donde su impronta como atleta se había hecho sentir en especial el pueblo cubano que jamás lo olvidaría.

VISTA DE AGUILA

El propio día, pero 33 años más tarde en Catalina de Güines, zona rural de La Habana, vio la luz otro de los grandes peloteros de este país, Urbano González Basanta, uno de los pioneros de la época de la pelota revolucionaria.

Al inicio de su carrera deportiva jugó en la Unión Atlética Amateur y en la Liga de “Pedro Betancourt”, participó en la primera Serie Nacional con el conjunto Occidentales, aunque con quien mejor se le identifica es con los míticos Industriales de los años ´60, con los cuales cuatro campeonatos. Se mantuvo activo durante 13 temporadas en las que dejó average ofensivo de 277.

Integró los equipos Cuba a los Campeonatos Mundiales de de San José, Costa Rica, ´61; Santo domingo, República Dominicana, ´69; Cartagena, Colombia, 70 y Panamá,´71; también jugó en cuatro Juegos Panamericanos y en tres Centroamericanos y del Caribe.

Se destacó por su extraordinaria vista y tacto a la hora de empuñar el madero, a solo poncharse en 57 oportunidades en más de 3 000 comparecencias al bate, habilidad que adquirió al hecho de conectar la pelota hacia el centro del terreno en sus entrenamientos diarios con su padre para evitar romper las tejas y tablas de las casas aledañas en donde vivía.

Urbano González, junto a Pedro Chávez, Miguel Cuevas un trío de inolvidable recuerdo en el béisbol cubanos de las últimas cinco décadas.

 

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