CHARLES: UN HIJO DE LA GENERACION DEL CENTENARIO


Es el 26 de abril de 1958, una pequeña nave recorre lentamente el Golfo de México, en su interior lleva una carga de fe y esperanza son jóvenes revolucionarios que regresan a la patria para unir en la lucha contra la tiranía batistiana.

En ese grupo está Álvaro Morell Álvarez, un joven que con sus 22 años ha conocido de la persecución de los esbirros de la dictadura, del duro exilio, primero en Estados Unidos y luego en México y enrolado en la expedición que ahora trata de llegar a las costas cubanas.

Punta de Xacatal, es un lugar cercano a Veracruz, el barco en que viajan los expedicionarios detiene su marcha al averiarse una hélice, y como siempre “Charles”, como también era conocido, es el primero en brindarse para reparar el equipo, sin embargo, el valeroso revolucionario no toma las medidas de seguridad indispensables para esta situación y se lanza al agua con botas y ropas, minutos después desaparece entre las turbulentas corrientes del Golfo de México.

Álvaro Morell tenía al morir 22 años de edad, sin embargo el joven camagüeyano contaba con una fecunda trayectoria revolucionaria en la que fungió como uno de los principales dirigentes del estudiantado agramontino y miembro del Movimiento 26 de Julio.

Desde temprana edad el hijo de Concepción Álvarez, mostró inquietudes patrióticas inspiradas sin lugar a dudas en las frecuentes lecturas martianas y sobre otros héroes de las luchas independentistas de Cuba, su visión política lo llevó a entender que: “(…) es necesario prepararse para derrumbar el gran poder imperial y solo sistemas opuestos podrán cumplir el cometido (…)” .

Solo tiene 14 años cuando “Charles” ingresa en el Instituto de Segunda Enseñanza de Camagüey, que junto a las Escuelas de Maestros y de Comercio son importantes focos de ideas patrióticas que alimentan la disposición de la juventud camagüeyana a combatir por la sagrada Patria.

Tras el asalto al Moncada se une a la causa de Fidel Castro, junto a Cándido González Morales, Jesús Suárez Gayol, Rodolfo Ramírez Esquivel y otros jóvenes, quienes protagonizan manifestaciones de protesta y acciones dirigidas a derrocar la tiranía usurpadora de Batista.

Con el triunfo de la Revolución, cada año su impronta de combatiente es recordada por sus compañeros de lucha y por el pueblo que nunca lo ha olvidado, su nombre y su trayectoria ha quedado perpetuada en escuelas y centros laborales, en especial su amado Instituto de Segunda Enseñanza.

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