DE LOS REVESES TAMBIEN SE APRENDE


A cualquier cubano con un mediano conocimiento acerca de las posibilidades de la Isla en los XXX Juegos Olímpicos de Londres, no le hubiera sido difícil señalar que una de las máximas aspiraciones de medalla de oro corría a cargo del peso ligero pesado, (81 kilogramos) Julio Cesar La Cruz Peraza, titular en el Campeonato Mundial de Bakú, y en los Juegos Panamericanos de Guadalajara en el pasado 2011.

Incluso en algunos órganos de prensa nacionales se exageraron esas opciones a preseas, sin tener en consideración los adversarios también acumulan calidad y sueños de llegar a lo más alto de la gloria olímpica.

La figura del púgil brasileño Yamaguchi Florentino, a la postre medallista de bronce, a quien Julio Cesar había vencido tres veces antes, se interpuso en el camino del cubano y lo dejó fuera del cuadro de honor de la división.

El pasado día 11 Julio Cesar La Cruz regreso a su ciudad natal, al barrio que lo vio nacer y crecer hasta reinado mundial de los ligero completo del boxeo aficionado, y en su modesta vivienda en la Plaza de San Juan de Dios, lugar lleno de historia patria, se refugió en el amor y el cariño de sus seres queridos, principalmente en Ana Caridad, la madre, veladora fiel como toda progenitora de sus desvelos y esperanzas.

Al arribar al hogar del campeón iniciaba su preparación para realizar la sesión matutina de preparación física en la práctica de fútsal en el Palacio de los Deportes Rafael Fortún Chacón de la ciudad de los Tinajones.

¿Cuéntanos cómo te preparaste para el combate contra Yamaguchi Florentino?

-Creo que ha sido mi mayor experiencia como persona y deportista, me ha llevado a sacar conclusiones que en el futuro llevar muy presente para no volver a caer en el mismo desliz, que solo nos pasa a nosotros los deportistas.

-Quiero decirle al pueblo de Camagüey y de toda Cuba, que los comentarios propalados por algunas personas mal intencionadas de que yo vendí la pelea, que había traicionado a la patria, que eso es falso, porque yo representó a once millones de cubanos, y que mientras existan Fidel y Raúl Castro Ruz, una Revolución como la nuestra, y este pueblo que me ha dado todo lo que soy, y lo que falta de mi en la vida, jamás pensaré abandonar esta tierra.

¿Ya habías enfrentado otras veces con Yamaguchi?

-Le había ganado tres veces, no quiero justificar las cosas, no fue mi mejor pelea, pero creo, por los años que llevó en el cuadrilátero que el primer asalto, que los jueces lo vieron parejo, considero que yo había sacado una pequeña ventaja, de allí en adelante hubo que cambiar los planes y las cosas no salieron bien.

Lo que tuvimos la oportunidad de ver la pelea que Yamaguchi Florentino realizó una preparación muy específica para este combate. ¿Consideras que él y sus entrenadores establecieron una estrategia muy particular para este enfrentamiento?.

-El estaba muy bien preparado y tenía una táctica con sus entrenadores y le salió bien, es válido aclarar que nunca estuve confiado, porque como decimos nosotros, los rivales más débiles son los que sacan sustos y en la confianza está el peligro. Creo que ese día estuvo mejor que yo y ganó.

-Mi entrenador Raúl Fernández me dijo después del pleito que de las derrotas nacen las victorias, aprender más y  guiarme como siempre, porque el sabio es el que sabe.

Muchas personas no entendieron la forma educada en que saludaste a Yamaguchi y al público después de conocer el veredicto de los jueves, ¿qué pasaba por tu cabeza en ese instante?.

-En el deporte hay que llevar dos “jabas”, una para ganar y otra para perder y todo atleta debe tener una disciplina deportiva ser cortes ante su rival y ante la infinidad de personas de todo el mundo que estaban en esa sala y creo mi actitud desde ese punto de vista fue la correcta, reconocer la victoria del oponente nos hace más grande, siempre he sido así lo que ocurre que el pueblo casi nunca me ha visto perder.

Como bien expresará Julio Cesar La Cruz Peraza al principio de la entrevista, lo importante es sacar la experiencia de la derrota, prepararse como él lo hace a diario, no flaquear ante las adversidades que imponga la vida y continuar como buen boxeador el camino adelante.

Río de Janeiro  es la próxima meta para el deporte olímpico, quizás allí este hijo del Camagüey pueda sacarse la espina que hoy le hace sangrar el corazón y dibujar la amargura en la humedad que tratan de esconder en sus ojos y en la voz quebradiza por la vergüenza ante sus compatriotas.

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