ULF ANDERSSON, UN ENTRAÑABLE AMIGO


El Gran Maestro, (GM), de Ajedrez Ulf Andersson, (nacido el 27 de junio de 1951 en Västerås, Suecia), es un personaje siempre bien acogido en cualquier círculo ajedrecístico del mundo por su sencillez, modestia cordialidad y buen carácter, atributos que en Cuba le han permitido ser recibid como un entrañable amigo.

Ulf Andersson

Fue en el año 1969 en que los cubanos tuvieron referencias de este destacado trebejista nórdico, quien finalizó como subtitular en el Campeonato Mundial Juvenil celebrado en Estocolmo, donde quedó como escolta de quien año después sería también monarca absoluto el ruso Anatoli Karpov.

La condición de GM la alcanzó Andersson en 1972 y dos años más tarde estaría en la nómina de jugadores que intervinieron enla XI edición del Internacional Capablanca In memoriam que por primera vez se efectuó al estilo congreso, o sea un grupo Premier y otro de Maestros y que tuvo por escenario la ciudad de Camagüey, a la que también llaman de los tinajones, de los poetas, o de las iglesias, por la gran profusión de esos elementos.

En aquel torneo tras un ligero descalabro en la ronda inicial ante el GM cubano Guillermo García González, ya fallecido, fue en línea general un éxito rotundo para Ulf Andersson, quien quedó al frente de la tabla de posiciones.

Reza una leyenda local que la persona que beba agua de tinajón, (panzudos recipientes utilizados en siglos pretéritos para almacenar el líquido lluvioso), se queda o vuelve a Camagüey, y para el ajedrecista sueco la historia no fue distinta, si a ello se suma la belleza de una joven lugareña con la cual unió su vida durante casi tres lustros.

Esto le permitió durante los años 70 del siglo XX relacionarse estrechamente con los trebejistas cubanos, con quienes jugó decenas de torneos y cientos de partidas, que sin discusión alguna contribuyó de forma práctica al desarrollo de sus colegas dela Isla.

Andersson tiene un récord personal muy difícil de superar, aún en estos tiempos donde se disputan  una cantidad incalculable de certámenes en todo el planeta y fue que durante una temporada llegó a participar en 13 torneos con más de 150  cotejos efectuados, o sea intervino en poco más de una competencia por mes y celebró un encuentro oficial cada dos días.

En su última visita a Camagüey hace unos diez años me comentó que semejante hecho no volvería hacerlo, “fue muy agotador, al final ya casi no tenía fuerzas para jugar”.

En el año 2001 visitó Cuba para intervenir en un Capablanca ya  rondando por aquella época los 50 de edad su ajedrez, aunque en esencia mantenía una alta calidad, los resultados prácticos fueron superados por gente más jóvenes, como parte de un proceso lógico.

De aquel encuentro hace algo más de una década señaló: “Resultó muy grato volver a Cuba, y ver que aún me recuerdan con cariño, después de tanto tiempo, no solo los más veteranos, sino también los más jóvenes con quienes he conversado”.

Entonces  Andersson marchó feliz del reencuentro, y la afición ajedrecística camagüeyana no pierde la esperanza que un día de estos, el menudo personaje, con su cabellera, no rubia como hace más de 30 años atrás, pero si con su jovial sonrisa y afable trato recorra las calles del Camagüey porque al fin y al cabo no es la primera vez que bebe agua de tinajón.

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