LA PROTESTA QUE SALVO LA CONTINUIDAD


La desunión en las filas revolucionarias durante la guerra de 1868, las indisciplinas de algunos ofíciales de alta graduación en el Ejercito Libertador, y la traición de otros personajes condujeron a la paz sin independencia del Zanjón.

Aquel pacto sin honor fue rechazado por patriotas como Antonio Maceo que estaban deseosos de continuar la lucha hasta las últimas consecuencias.

Enterado de la oposición del Titán de Bronce, el jefe español Arsenio Martínez Campo decidió reunirse con el bravo mambí para convencerlo de la inutilidad de continuar la lucha armada.

El 15 de marzo en Mangos de Baraguá se efectuó la entrevista Maceo presentó a sus acompañantes y de manera directa le dijo a Martínez Campos que no estaban de acuerdo con el pacto firmado, pues no se cumplían los postulados de independencia y abolición de la esclavitud.

Y cuando el general español intento replicar y leer el infame documento, pero el enérgico ademán de Maceo lo impidió al decirle: “Guarde usted ese documento, que no queremos saber de él”.

Aquella Protesta fue consecuente con el legado dejado por los iniciadores de la guerra por la libertad de Cuba y que en una ocasión de vacilación Ignacio agramonte y Loynaz había definido el carácter de la lucha  cuando señaló: “Acaben de una vez los cabildeos, las torpes dilaciones, las demandas que humillan, Cuba no tiene más camino que conquistar su redención arrancándosela a España por la fuerza de las armas”.

Con su actitud, Maceo y sus compañeros salvaron con dignidad la continuidad de la Revolución cubana lo cual sería reconocido por José Martí en carta del 25 de Mayo de 1893, cuando le escribe:

“No empiece por extrañar la letra ajena, porque mi compañero de trabajo es su amigo de Ud., Gonzalo de Quesada, Secretario hoy de nuestras labores y esperanzas a ver si volvemos con la ayuda del país a rematar lo que Ud. comenzó con su valor incomparable: le pide otra vez la patria, como va Ud. viendo, toda su bravura”.

Y más adelante señala: “Ardo en deseos de verlo. Ya le escribí de Nueva Orleáns, a Ud. y a Flor. Ya sé que Ud. me conoce el alma bien, y que sólo espera de ella lealtad y cariño. Con igual tesón vigilo por nuestra Patria… Precisamente tengo ahora ante los ojos “La protesta de Baraguá, que es de lo más glorioso de nuestra historia. Ud. sabrá algún día para lo que vive este amigo de Ud.”.

En esas las palabras quedaba reflejado el hondo significado de aquella viril posición herencia que se trasmitiría de generación en generación de cubanos hasta nuestros días como fiel e inclaudicable posición de principios  para todos los tiempos.

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