DE BUENOS AIRES A GUADALAJARA (XI)


Tocopan, la mascota de los XI Juegos Panamericanos

San Cristóbal de La Habana, o sencillamente La Habana, fue la sede de los XI Juegos Deportivos Panamericanos en 1991, mientras que Santiago de Cuba, situada al este de la capital serviría como subsede con una participación récord en total de 39 países y 4 519 atletas, quienes entre los días del 2 al 18 de agosto, discutieron medallas en 26 disciplinas. La ciudad de La Habana, con un bello conjunto arquitectónico en su parte más antigua merecedora de la declaratoria y proclamación de Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO desde el 14 de diciembre de 1982 había servido de escenario en par de ocasiones a las citas regionales más añejas de la historia los Juegos Centroamericanos y del Caribe en 1930 y 1982, además de varios campeonatos mundiales de béisbol, boxeo, esgrima, levantamiento de pesas, caza submarina y la olimpíada de ajedrez en 1966, así como de otros certámenes del más alto nivel.

Mientras que Santiago de Cuba se ganó el derecho de ser subsede del evento por la labor realizada durante muchos años a favor del deporte y la cantidad de hijas e hijos de ese lugar con resultados sobresalientes entre ellos el bicampeón olímpico Alberto Juantorena, Enrique Figuerola, Rolando Garbey, Daniel Núñez y Enrique Regüeiferos, entre otros.

El tradicional Fuego Nuevo, encendido el cinco de julio  en el Cerro de la Estrella rememorando el rito que los aztecas realizaban el último día de cada siglo, fue trasladado hasta Cuba llegando a la ciudad primada de Baracoa, comenzando un  recorrido que incluyó sitios históricos como el ingenio La Demajagua donde Carlos Manuel de Céspedes inicio la lucha armada independentista de la Isla el 10 de octubre de 1868, el lugar conocido por Dos Ríos donde el Héroe Nacional José Martí cayó en combate el 19 de mayo de 1895 y la playa Las coloradas, por donde el líder cubano Fidel Castro Rúz y los 82 expedicionarios del yate Granma desembarcaron el dos de diciembre de 1956.

El dos de agosto tuvo lugar la inauguración y las palabras de apertura estuvieron a cargo del entonces Presidente de los consejos de Estado y de Ministros Fidel Castro Ruz, quien estuvo acompañado por Juan Antonio Samaranch y Mario Vázquez Raña, titulares del Comité Olímpico Internacional (COI) y de la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA), junto a otras autoridades deportivas cubanas y extranjeras.

Colateralmente en los Juegos se realizaron numerosas actividades dándole una connotación más allá del deporte en un ambiente de paz, amistad, confraternidad y solidaridad entre todos los pueblos del continente  un ejemplo fue la siembra de 39 árboles en el Bosque de la Amistad Panamericana, en la entrada de la Villa Panamericana en representación de todas las naciones, Por otra parte Juan Antonio Samaranch, presidente del COI condecoró a Teófilo Stevenson , tricampeón olímpico de boxeo, con la orden olímpica. Las entradas a todos lo eventos y competencias, así como la inauguración y clausura de los XI juegos fueron absolutamente gratis para todo el pueblo de Cuba.

Desde el punto de vista competitivo los anfitriones cubanos, con 140 medallas de oro, diez más que los norteamericanos, 62 de plata y 63 de bronce, conquistaron el primer lugar por países delante de  los Estados Unidos, que se vio desplazado de la cima por segunda vez en la historia de estos certámenes, precisamente 40 años después de que Argentina hiciera lo mismo en Buenos Aires 1951.

Entre los hechos más notables estuvieron las 11 medallas doradas de 12 posibles alcanzadas por los púgiles de la Mayor de las Antillas, en tanto lo del levantamiento de pesas estuvo también rozando la perfección al llevarse 29 de las 30 preseas áureas puestas en discusión, en el campo y pista por primera vez los hombres y mujeres de Cuba dominaban la justa con un total de 18 primeros lugares, sobresaliendo Ana Fidelia Quirot, en los 400 y 800 metros planos, Javier Sotomayor en el salto de altura, y el relevo de 4 x 400 metros planos para hombres, que ganó un final dramático.

En cuanto a los deportes colectivos las “Espectaculares Morenas del Caribe”, obtuvieron su sexta corona consecutiva, el béisbol no tuvo oposición de envergadura ante su arrollador paso en el torneo, mientras el polo acuático masculino concretó una histórica victoria al derrotar a la escuadra de Estados Unidos, a la sazón campeones olímpicos y mundiales. La victoria que el equipo de fútbol de ese país alcanzó por primera vez en la historia de los panamericanos y el triunfo del equipo de baloncesto femenino de Brasil, fueron hitos inolvidables de estos juegos

Anthony Nesty

Entre los resultados más notorios estuvo el hecho de que los tristones y ondinas norteamericanos no pudieron esta vez reinar a sus anchas y tuvieron en el surinamés Anthony Nesty, campeón olímpico, los brasileños Gustavo Borges y Rogelio Romero; Mario González, de Cuba y Silvia Poll, de Costa Rica a deportistas que le arrebataron algunas de las medallas de oro que ellos consideraban seguras.

Otra gran actuación fue la del velocista Robson Caetano da Silva, de Brasil,  vencedor en los 100 y 200 metros planos, para desplazar también a los representantes norteños

Sin embargo, lo más llamativo, no para los cubanos acostumbrado a su presencia en los estadios y terrenos deportivos, fue el seguimiento que a cada evento le dio el presidente de Cuba Fidel Castro Ruz, quien junto a todo el pueblo de la Isla siguió casi la totalidad de las incidencia de cuanto acaecía, victoreó a sus atletas y aplaudió a los deportistas de otras naciones que lucharon con denuedo en cada jornada.

El 18 de agosto se realizó la ceremonia protocolar de clausura oficial del evento, tras la entrega de La Habana de la bandera de la ODEPA a la ciudad de Mar del Plata, Argentina, próxima parada de los juegos continentales y el retiro de las delegaciones participantes en la cita atlética, dio inicio a la Fiesta Panamericana, al ritmo contagioso de la música cubana los deportistas se entremezclaron con los artistas en un monumental cierre que perdura en la memoria de quienes fueron testigos de aquellos hermosos días vividos.

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