DE BUENOS AIRES A GUADALAJARA (5)


Despegue del boxeo cubano

Winnipeg, en la provincia de Maniatoba, Canadá fue la sede de los V Juegos Panamericanos.

Esta edición de la competencia múltiple se efectuó entre el 23 de julio y el 6 de agosto de 1967 con la participación de 2 418 deportistas de 29 países quienes compitieron en 21 disciplinas oficiales al incluirse el hockey sobre césped, además el canotaje haría su aparición en calidad de exhibición.

El fuego panamericano volvió hacer encendido en el Cerro de la Estrella  y trasladada hasta Canadá por vía área

Por primera vez la realeza de una corona estaría presente en el acto de apertura, el Príncipe Felipe de Inglaterra, quien desde un coche descapotado pronunciaría: “En nombre de la Reina, quien envía  sus saludos, tengo el honor de declarar abiertos los V Juegos Panamericanos”.

Una fina llovizna hizo su presencia en el estadio  degenerando en un fuerte aguacero, que la mayoría del público soporto estoicamente a la vez que 2 000 palomas fueron lanzadas al cielo en mensaje de amor y paz.

Por primera vez en la historia de los Juegos se utilizó el cronometraje electrónico en las pruebas de tiempo y  marcas, y la firma suiza Omega fue la encargada de proporcionar el equipamiento para las competencias de pista en el atletismo, natación y ciclismo entre otros, un hecho que revolucionaria el deporte en sentido general.

Si  en las citas olímpicas Ciudad México se convertía en un capítulo especial del deporte mundial  Winnipeg no dejaría de serlo, por primera en este tiempo de competencias internacionales se utilizaron diversos aditamentos avanzados para la época, huellas concretas de los avances de la ciencia y la técnica a escala global, uno de ellos sería la utilización de material sintético conocido por Tartán, en las carreras y saltos del atletismo fue otro elemento sumamente novedoso.

En e certamen de campo y pista se dieron cita hombres que harían historia un año más tarde en la capital mexicana, entre ellos los norteamericanos Lee Evans, 400 metros planos, John Carlos 200 m Wiilie Davenport en 110 con vallas, los fabulosos saltados Ralph Boston y  Bob Beamon, quien asombraría al mundo en la olimpíada de 1968 con aquel salto espectacular de 8,90 m; Randy Matzon en la impulsión de la bala y el entonces plusmarquista mundial de salto con pértiga Robert Seagren.

Entre tantro en la rama femenina sobresalieron Bárbara Farrel y Wyomis Tyus en las carreras de distancias corta.

Canadá aportaría un velocista de calidad en Harry Jerome ganador del hectómetro.

Igualmente la natación se convertiría en un carnaval de récords mundiales donde entre las mujeres fueron conseguidas ocho plusmarcas, a la vez que en la rama masculina debutaba Mark Spitz, quien en los Juegos Olímpicos de Munich 1º972 ganaría nada menos que siete medallas de oro.

El dominio de la delegación de ondinas y tristones de estados Unidos fue casi absoluto al llevarse a su palmares 24 de las 29 medallas doradas puestas en discusión.

A Winnipeg, Cuba asistió con la consigna “En Canadá más alto que en Brasil”, y así sería, 48 preseas obtuvieron los deportistas de la Mayor de las Antillas entre los que sobresalieron los boxeadores, quienes por primera se llevaron el primer lugar por naciones con tres títulos, Enrique Regueifero, Andrés Molina y Rolando Garbey, además de las actuaciones de Pastor Rodríguez en la halterofilia, los gimnastas Jorge Rodríguez y Héctor Ramírez y otros resultados que aunque no se concretaron con el lugar más alto del podio si brillaron con luz propia como la legendaria Miguelina Cobián en 100 y 200 metros planos, Hermes Ramírez en los 100 lisos y los relevos 4×100 en uno y otro sexo medallistas de plata sobre todo el de los hombres que implanto récord nacional a solo dos décimas de la escuadra estadounidense que logró marca del orbe.

Para los cubanos la decepción fue la medalla de plata del béisbol, al caer en un inusual play off de tres juegos a ganar dos ante los Estados Unidos, en el tercer desafío perdido dos carreras por una.

Tras  15 días de competencias la cita continental del deporte en América llegaba su final, más quedaba las expectativas de lo que pudiera suceder al año siguiente en las olimpíadas programadas para Ciudad de México, como ya era costumbre en estos eventos se reconocían los mejores de la historia, pero nuevas citas dejarían pequeño aquel alarde de virtuosismo atlético exhibido en Winnipeg.

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