Guillén el poeta del deporte y la belleza


Poeta Nacional Cubano

Poetas y escritores cubanos  de varias generaciones han encontrado en el deporte y la cultura física elementos suficientes para su discurso creativo.

Desde José Martí, por solo citar al más universal de los nacidos en esta Isla, por esa pasarela han transitado nombres ilustres entre los que se encuentran, Julián del Casal, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, y Roberto Fernández Retamar, pero entre los que más puso su pluma al servicio de enaltecer el deporte está Nicolás Guillén.

El Poeta Nacional, de quien este 16 de julio se conmemora 22 años de su desaparición física, tuvo sus primeros encuentros públicos con el verso deportivo, cuando atendía la sección “Pisto Manchego” en el periódico El Camagüeyano, allí utilizaba su afinada voz lírica intercalado con anuncios comerciales.

Luego, apartir de “Motivos de son” vendrían otros descubrimientos formales y conceptuales que tomarían cuerpo en numerosos de sus poemarios.

En la obra de Guillén sobresale su compromiso con la causa social de los oprimidos de la tierra, más allá del ámbito nacional en que tuvo que desarrollarse.

Así, desde aquella “Pequeña oda a un boxeador negro”, dedicado a Eligio Sardiñas, “Kid Chocolate”, hasta el epigrama de aguda ironía que reza: “/qué raro, que al tiro al blanco, no le hayan puesto tiro al negros”/, en todo ello está la denuncia viril contra la explotación del imperialismo yanqui contra la Isla, así como la discriminación racial, doméstica y global.

Quizás menos conocidas en su rico quehacer literario, que no solo abarca la zona poética, sino que se traslada con igual soltura en la prosa periodística, se aprecian en las décimas que solía disparar cuales dardos cargados de fina expresión zumbona en la década de los años 40 en el periódico Hoy contra el desgobierno auténtico de Carlos Prío  Socarras, es aquí un ejemplo: /El porvenir es oscuro/ para el Pitcher Nacional,/ que la está pasando muy mal/ pues lo fonguean muy duro./ Su control es inseguro,/ sus curvas ineficaces./  ¡Mira Carlos, lo que haces,/ (le grita el pueblo azorado)/ recién el juego ha empezado,/ no hay out, y hay tres en bases/.

Luego a mediados de los años 50 publicaría “La paloma de vuelo popular”, y con él aparecería la magistral elegía “Deportes”, “¿Qué se yo de boxeo/ yo, que confundo el jab con el upper cut?, y sabía mucho de boxeo, de ajedrez y béisbol aquel poeta, que ponía junto a Jack Johnson, George Carpentier o Sam Langford a los suyos, Kid Chocolate, Esteban Gallard, (Kid  Charol) o Eladio Valdés, (Black Bill), qué afirmaría que Cuba era una lágrima, y que confesaría su fervor por la poesía de Rubén Darío y por el lanzador José de la Caridad Méndez, el “Diamante negro”, nombres sin pólvora y sin sangre.

Intelectual de avanzada hizo posible que el deporte en su verso fuera una vía de gran valor de la cultura cubana.

Por ello Deporte y Poesía en Nicolás Guillén no representan polos opuestos, en cuanto a ética y estética que tiene en sus propias palabras esa síntesis creadora cuando señaló: “…pienso que lejos de estar reñida ésta con aquel hay en un estadio, en un ring, en un diamante beisbolero, en un court de tenis muchísima belleza digna de ser expresada líricamente…”.

 

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