El Béisbol cubano, al duro, sin guante, …y sin careta


Béisbol-Cuba

ALCANZAR una medalla de plata, o de bronce  en un torneo donde asisten algunos fuertes equipos no constituye un desmerito ni mucho menos.

Sin embargo, en los últimos tiempos el primer lugar en certámenes de primer orden ha permanecido esquivo a la selección de la Mayor de las Antillas, muchas explicaciones existen al respecto, pero, lo que si es real a nuestro criterio es que el panorama del Béisbol internacional ha dado un vuelco extraordinario, es como de la noche a la mañana.

Desde que en 1981, el Comité Olímpico Internacional con Juan Antonio Samaranch al frente, dio el visto bueno al profesionalismo, las cosas no se parecen en nada al pasado.

Un ejemplo es que la entonces Asociación Internacional de Béisbol Amateur,  ajustándose a los tiempos por venir, en 1984 dio su primer coqueteo serio con la pelota rentada al sustituir de sus siglas la palabra amateur.

Ya a partir del mundial de Italia en 1998 los peloteros profesionales comenzaron a incursionar los torneos oficiales de la IBA, primero fueron  atletas en franco descarte, y luego aparecieron hombres con experiencia, condiciones y calidad suficientes para jugar.

Pensamos que para esa aparición el deporte cubano en general  el béisbol en lo particular no se preparó adecuadamente al menos desde el punto de vista conceptual y psicológico y se dejó margen a la improvisación.

Diferentes situaciones de los juegos celebrados en los últimos años demuestran la aseveración anterior, por ello hay que romper esquemas e interpretar la nueva realidad que el deporte mundial nos impone.

Es el béisbol actual, el deportista necesita expresar al máximo sus  potencialidades  en todos los aspectos técnico, táctico, físico, psicológico y teórico.

A los entrenamientos hay que llamar jugadores integrales, que sepan tocar, robar, correr bien las bases y confiar en los talentos que se destacan en el campeonato nacional y darle su oportunidad.

También es necesario trabajar individualmente con los jugadores en bases a sus deficiencias, por meta de cumplimiento, muestra de ellos es que pudimos percatarnos que ninguno batea bien los lanzamientos adentro, y en la zona baja afuera fenómeno que se ha repetido una y otra vez.

Darle confianza y poder de decisión a la dirección  técnica designada para comandar a la selección nacional con el tiempo suficiente preferiblemente por dos ó más años y que cuenten con sus asesores, entrenadores y preparadores físicos.

Muchos otros cambios requiere la pelota cubana, sobre todo extirpar de su seno todo aquello que la ha lastrado en los últimos 20 años, con la conciencia de que el béisbol de estos tiempos es otro y que para alcanzar la cima hay que tener maestría deportiva al más alto nivel y buena preparación específica para las competencias.

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