MUJERES DEL CAMAGÜEY, BRIGIDA AGÜERO


“… el Camagüey, tierra de Cuba donde las mujeres son trigueñas y todos los son humanos”, (Revista Universal de México, seis de junio de 1895).

José Martí, que bien conoció el alma de la mujer camagüeyana, contrajo nupcias con una hija de esta tierra, Carmen Zayas Bazán, no solo apreció la belleza en ellas, sino también los valores, éticos, patrióticos y revolucionario que las convierten en seres humanos especiales.

Desde Ana Betancourt de Mora, quien elevó su voz en reclamo de los derechos de la mujer en la Asamblea de Guáimaro en 18969, hasta las madres, hijas hermanas, compañeras y amigas de estos tiempos, siempre han estado dispuesta a sacrificar sueños, esperanzas y la propia vida, si Cuba se lo pide.

Junto a la devoción por los ideales de libertad, independencia y soberanía, también las mujeres del Puerto príncipe han hecho de la cultura una trinchera infranqueable, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Aurelia del Castillo, Eloisa de agüero en el siglo XIX fueron parte de esa vanguardia en una sociedad que las discriminaba por el único hecho de ser mujeres.

Quizás menos renombradas resulta Brígida Agüero y Agüero, quien abrazó por igual las ansias de independencia como el gusto por la literatura, ambos dones heredados en los genes de su padre Francisco Agüero Duque Estrada, quien influyó de manera muy positiva en ella.

Temprano en su niñez, Brígida Agüero residió largo tiempo en el campo aunque no por estar alejada de la ciudad dejó de recibir una esmerada educación complementada ya en su adolescencia y juventud en la Academia Filarmónica de Puerto Príncipe.

El doctor Roberto Méndez Martínez dijo en una ocasión de la poetisa camagüeyana:

“La vida de Brígida parecía marcada por la fatalidad romántica: vivió las persecuciones de fue víctima su padre por sus simpatías con el independentismo, lo cuidó mientras tuvo fuerzas y vio morir en la miseria a varios de sus hermanos, mientras ella misma sufría los estragos de la tisis. Eso explica que su poesía tenga habitualmente un tono triste, resignado, como era su vida cotidiana. Aunque tuvo éxitos en las veladas de la Sociedad Filarmónica donde leyó poemas que fueron aclamados por los asistentes como (…), las circunstancias jamás le permitieron publicar un libro”.

Uno de sus poemas compilado años después por su sobrina Josefina Agüero Poveda el soneto titulado “Resignación” escribía en una de sus partes:

Un mal me atormenta impío…
mas si te place que muriendo viva
“cumpla en mi tu voluntad, Dios mío”.

Brígida Agüero y Agüero falleció victima de la tuberculosis el 26 de junio de 1866 cuando aún no había llegado a los 30 años de edad, pero dejando una huella en el camino de la poesía del Camagüey

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